A contraluz

El “lobby” de las elites depredadoras

El cabildeo en Washington busca debilitar a un gobierno que no se ajusta a los intereses de las elites.

El cabildeo que impulsan sectores empresariales en Washington contra el gobierno de Bernardo Arévalo debe analizarse como parte de la estrategia de captura del Estado por parte de los grupos más reaccionarios. No es tan simple como decir que se trata de un “esfuerzo legítimo” por asegurar que la agenda norteamericana se materialice en Guatemala. Si así fuera, el gobierno estadounidense no necesitaría de achichincles locales para impulsar su política en la región. Basta ver la normalidad con la que funcionarios de EE. UU. llegan al país para comprender que las relaciones bilaterales pasan por un buen momento.

Los grupos más reaccionarios tocan las puertas de Washington para asegurar la captura del Estado.

El lobby tiene un propósito oscuro: debilitar a un gobierno que no se ajusta a la conveniencia empresarial. Tradicionalmente la cúpula del sector privado no se casa con un partido político en particular, sino que los utiliza como vehículos de representación de sus intereses. Para eso les da millonarios financiamientos. En la historia reciente existen múltiples ejemplos, como el respaldo que tuvieron los gobiernos de Otto Pérez Molina, Jimmy Morales y Alejandro Giammattei. La oligarquía no se preocupa por el nivel de corrupción de estos regímenes. Lo que le importa es que estos gobiernos mantengan un entorno favorable a sus intereses, ya que la misma corrupción aceita los negocios privados con el Estado.

La cúpula depredadora no dijo nada cuando Giammattei manipuló el proceso electoral pasado y eliminó a varios candidatos. Podían haber llegado a la presidencia Sandra Torres, Edmond Mulet, Manuel Conde o Zury Ríos porque estos respondían a los intereses del Cacif. Ellos son de la casa y no hubiera habido necesidad de gastar plata en Washington. El problema fue la sorpresiva llegada de Arévalo, un candidato que se decía socialdemócrata, con una agenda anticorrupción y que no aparecía en el radar del Cacif. Tras los intentos desestabilizadores y las falsas acusaciones de fraude electoral de Giammattei, Consuelo Porras, Fundaterror y los grupúsculos ultraderechistas siempre ha estado la mano de esa elite empresarial que se niega a respetar la sucesión presidencial democrática.

Como le fallaron las acciones golpistas, entonces utiliza lo que le sobra: millones de dólares para realizar cabildeos en Washington con el objetivo de bajarse al presidente díscolo. No importa si ese mandatario se ha olvidado de su agenda socialdemócrata, porque el propósito va más allá de incidir en el Ejecutivo. El fin claro es mantener el statu quo, principalmente de la justicia, que juega a favor de la elite depredadora. Por eso una de las primeras acciones del lobby fue mantener la cooptación de la Corte de Constitucionalidad por medio del magistrado Roberto Molina Barreto.

Una de las figuras visibles de ese cabildeo es Rodrigo Arenas, quien dirige el medio digital República, cuya línea editorial se ubica en una oposición frontal y beligerante al gobierno de Arévalo. Arenas fue señalado por el Ministerio Público y la Cicig de dar financiamiento electoral ilícito a Jimmy Morales y recibir fondos que procedían de sobornos de constructores al exministro de Comunicaciones Alejandro Sinibaldi. Es un actor político que sirve a los sectores más reaccionarios que buscan cooptar el Estado.

Desde esa perspectiva, el sector privado toca las puertas de Washington para no perder sus privilegios. El lobby no puede verse de forma aislada, sino como la continuación de la larga historia de la captura del Estado que se remonta a los años ochenta, cuando las elites económicas se aliaron con los regímenes militares sanguinarios para proteger sus intereses, bajo el discurso de la seguridad nacional.

ESCRITO POR:

Haroldo Shetemul

Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Pontificia de Salamanca, España. Profesor universitario. Escritor. Periodista desde hace más de cuatro décadas.