Si me permite
El reinicio debe evaluarse por su proyección
Nada en la vida permanece estático, por ello debemos saber cómo adaptarnos a imprevistos.
“Nunca es demasiado tarde para establecer un nuevo objetivo, o para soñar un nuevo sueño”. C. S. Lewis
La vida está llena de imprevistos, los cuales no siempre se pueden entender. El 26 de mayo sufrí una caída que me tuvo tres meses sin poder caminar. Sin lugar a duda, los imprevistos, que nadie los espera y vienen sin advertencia, logran interrumpir el ritmo de la vida que uno estaba llevando.
Pero, tan pronto se supera la crisis y uno desea volver a la rutina que había tenido, es preciso recordar que todo en su derredor ha estado avanzando mientras uno estaba recuperándose. Por ello, se deben hacer ajustes al modo de la reinserción.
Además, el elemento fundamental es reconocer y aceptar que, en el tiempo que se estuvo con limitaciones, estuvieron aquellos que no solo ayudaron, sino probablemente tuvieron que dar la milla extra para apoyarlo, supliendo necesidades básicas, y lo hicieron no porque se lo pidieran, sino porque les nació a ellos hacer y sin esperar nada a cambio por ello.
Una vez que se nos ha interrumpido el ritmo de nuestras ocupaciones y podemos regresar a las actividades que tuvimos que dejar a un lado y hemos recuperado la capacidad de retomar el ritmo de la vida, como señal de madurez, se debe considerar cuáles son los espacios que se pueden ocupar y no precisamente llegar con una mentalidad de recuperar el espacio que uno había ocupado.
Justamente esto puede indicar que se deben hacer cambios que traerán beneficios no solo a uno, sino a todos los que son parte del equipo.
Las interrupciones deberían dar lugar a una adecuada evaluación para proceder correctamente.
Exactamente cuando se presentan circunstancias como estas salen fácilmente a la luz quienes están buscando sus propios intereses y quienes están con la apertura de poner a un lado sus intereses y escoger lo que trae provecho a todos.
Claro que es fácil entender en nuestro diario vivir los casos en los cuales la gente pelea su interés, y con ese modo solo refleja una conducta muy infantil, no importando la edad que tenga.
La vida está llena de sorpresas y probablemente podemos pensar que lo que le sucedió a otra persona, a mí nunca me habrá de pasar, pero eso no necesariamente puede llegar a ser una realidad, porque todos estamos expuestos a situaciones difíciles y no podemos garantizar lo que nos pueda suceder.
Claro, debemos ser cuidadosos y precavidos, aprendiendo siempre de lo que otros han experimentado y, lejos de juzgarlos por lo que están pasando, siempre tener la disposición de ser solidarios y ayudar en lo que esté de nuestra parte.
Por lo mismo, es una gran riqueza para los que está reiniciando en la vida, después de un contratiempo, encontrarse con personas que les extiendan la mano y se ofrezcan para hacer más viable el proceso en el que uno se está iniciando y darse cuenta de que no está solo, sino que está rodeado de personas que lo apoyan, y probablemente son aquellas que nunca pensó que lo harían. Y tal vez de los que estaba seguro de que habrían de estar presentes para asistirlo no llegaron.
Ya puedo caminar, a Dios gracias. Si nos proponemos vivir en comunidad de una manera sana y responsable, cada mañana que iniciamos un día debemos estar más que atentos si alguien nos necesita, mientras estamos desarrollando nuestras obligaciones y cumpliendo con nuestros deberes.