De mis notas

El reto de la educación: aprender a resolver problemas

Enseñar a repetir respuestas memorizadas resulta absurdo cuando el mundo está cambiando las preguntas. 

El reportaje de Prensa Libre del 20 de octubre plantea una pregunta incómoda: ¿qué saben hacer los jóvenes que estamos graduando? Este año concluirán diversificado 172 mil 706 estudiantes; sin embargo, en las pruebas de 2025, apenas el 16.2% de los evaluados alcanzó un desempeño satisfactorio o excelente en matemáticas. Hay graduaciones y diplomas, pero no dominio del conocimiento.


La preocupación no se queda ahí. Resulta que quienes enseñan, según las cifras de Digeduca, en 2024, casi el 65% de los docentes que aspiraba a plazas del nivel medio obtuvo menos de 60 puntos en Matemáticas. O sea, multipliquemos la pobreza educativa.


Otro desafío es el método: priorizar la memorización de fechas, nombres, información, en vez de conocimiento que le sirva para comprender, argumentar y resolver problemas.


Elon Musk planteó ante el Milken Institute, en 2024, una idea sencilla: enseñar a resolver problemas. Pongamos un motor frente al alumno y propongamos desarmarlo para comprender cómo funciona; para que descubra para qué necesita el destornillador y la llave, en vez de enseñarle sobre la biografía del inventor del destornillador con fechas memorizadas aunque nunca supo cómo aflojar un tornillo.


Pidámosle también calcular el presupuesto de una tienda: cuánto cuesta comprar, qué porcentaje se gana y qué condiciones impone el proveedor. Tendrá que leer, hacer cuentas y decidir. Eso es encontrarle uso a la aritmética.


Plataformas como Khan Academy permiten estudiar aritmética y matemática con videos, ejercicios y explicaciones que cada alumno consulta a su ritmo. Puede regresar y practicar y, si comprende, puede avanzar. La clase puede dedicarse a aplicar lo aprendido y resolver dificultades, en lugar de continuar marchando al paso de pizarrones borrosos y maestros deficientes.

Más que un  diploma, el joven merece un futuro.  


Repartir tabletas debe formar parte de un programa con contenidos cuidadosamente elaborados para nuestro currículo: diagramas, gráficas, simulaciones, videos de YouTube seleccionados por su calidad y ejercicios que permitan comprobar avances. Una animación muestra cómo circula la sangre o qué ocurre dentro de un motor. Pedirle al maestro que reproduzca esos recursos con un pizarrón y buena voluntad es absurdo.


Su función debería ser la de orientador y monitor activo que observa dónde tropieza cada alumno, explicando y exigiendo cómo llegó a una solución. Por eso necesita preparación y buenos materiales para darles oportunidad de equivocarse, corregir y volver a intentarlo hasta demostrar dominio.


Cada escuela necesita internet efectivo. Ya los cuadernos son obsoletos. Hay que presupuestar instalación, servicio y mantenimiento permanente. Y lo más importante: contenidos descargados para trabajar cuando falle la señal. La conectividad es parte de la enseñanza; dejarla fuera del presupuesto sería como comprar los vehículos y olvidarse del combustible.


Ciudadanía Digikal, programa del Mineduc, contempla Q127 millones para tabletas e internet en diversificado público, además de contenidos y formación docente. La iniciativa merece aplauso y continuidad (ojalá esto se extienda hacia la primaria), con seguimiento para comprobar cuánto aprenden los alumnos.


Nuestros jóvenes necesitan “aprender a aprender” para salir sabiendo hacer algo útil. Porque, más importante que un título enmarcado, es que el joven tenga un futuro. La inteligencia artificial está aquí, ahora, transformando al mundo.
Es hora de montar esa ola antes de que nos hunda

ESCRITO POR:

Alfred Kaltschmitt

Licenciado en Periodismo, Ph.D. en Investigación Social. Ha sido columnista de Prensa Libre por 28 años. Ha dirigido varios medios radiales y televisivos. Decano fundador de la Universidad Panamericana.