Civitas
El “¿Y si sí?” que Guatemala necesita
Nos hemos acostumbrado a tanta decepción que pareciera que confundimos el realismo con la resignación.
En época mundialista siempre hay algo que llama la atención, además de los goles, las celebraciones o las eliminaciones inesperadas. Para mí, la fascinación de este 2026 ha sido la convicción e ilusión de los aficionados de que sus selecciones avancen. Lo que más me ha gustado es escuchar a tantos mexicanos preguntarse algo que hace unas semanas parecía muy ingenuo… “¿Y si sí?”.
¿Y si sí avanzamos a la siguiente ronda? ¿Y si sí le ganamos a una selección fuerte? ¿Y si esta vez hacemos historia?
Probablemente, no pase. O tal vez sí… pero ese no es el punto. Lo más interesante es que, por unos días, millones de mexicanos decidieron permitirse creer en lo imposible.
El deporte tiene ese efecto, y en especial el futbol (o quizá estoy sesgada porque es mi favorito). No obstante, nos permite ilusionarnos sin sentir vergüenza, una capacidad que con los años vamos perdiendo. La de pensar en grande sin necesariamente pensar primero en lo negativo.
Por eso, me pregunto, ¿por qué esa actitud aparece tan fácil cuando es frente a una cancha de fútbol, pero desaparece cuando hablamos de nuestro país? En Guatemala, pareciera que nos entrenamos para pensar exactamente al revés. Muchas veces tenemos clavado el “no se puede”, “todo siempre va ser así”, “todos los políticos son iguales”, “¿para qué involucrarse?”. Nos hemos acostumbrado a tanta decepción que pareciera que confundimos el realismo con la resignación. Y así terminamos perdiendo la capacidad de imaginar un país distinto.
Lo bueno es que las cosas pueden cambiar. Siempre hay, aunque sea, unos pocos que deciden actuar diferente o creer en todas las posibilidades. Lo cierto es que en Guatemala sí hay quienes ya se hacen esa pregunta y actúan consecuentemente. Por eso hay jóvenes que crean empresas tecnológicas desde Guatemala y lo exportan a otros lugares. Hay organizaciones que, aunque no resuelvan todos los problemas, generan debate, cambian instituciones y empujan mejoras. Hay empresarios que invierten en municipios donde nadie pensaba que se podía. Hay maestros que transforman las vidas de cientos de alumnos o médicos que llevan atención a donde el Estado nunca llega. En general, sí hay emprendedores y ciudadanos que deciden ignorar el “no se puede”.
Se trata de recuperar la capacidad de imaginar un país mejor como un ejercicio cívico.
Claro, hablar de cómo una mentalidad puede cambiar el país entero suena ingenuo, y más en un país donde tantos viven pensando en sobrevivir el día a día. Y sí, el fútbol es un juego; la política y cambiar al país son una tragedia que implican enfrentar una realidad mucho más compleja, con muchísimos intereses. Justamente por eso el ejercicio vale la pena. Se trata de recuperar la capacidad de imaginar un país mejor como un ejercicio cívico. Pero uno serio. El “Y si sí?” guatemalteco debe ser dejar de delegarle a otros la responsabilidad de creer y creérnosla nosotros mismos.
Pensar en grande no garantiza el éxito inmediato. Pero, eso sí, pensar en pequeño casi siempre garantiza que nada cambie. Por eso me gustó tanto la frase mexicana, porque supone la decisión de no aceptar que el futuro tiene que ser pesimista o que nada pueda cambiar.
Tal vez el verdadero desafío no sea simplemente ser optimistas. Creo que debemos darnos la oportunidad de imaginar, de ser creativos, pensar fuera de lo tradicional y contagiarlo a más personas. La diferencia es que no estamos hablando de un silbatazo final, ni de octavos de final. En realidad, estamos hablando de que pronto habrá elecciones, de que hay instituciones por defender y de que existe una ciudadanía que puede decidir si se conforma con lo que hay o si empieza a preguntarse, en serio… ¿y si sí?