Si me permite
Errar es de humanos; el no repetirlo, de sabios
Los que tratan de justificar lo que hacen tienen pocas esperanzas de corregir errores.
“Una persona que nunca cometió un error, nunca intentó nada nuevo”. Albert Einstein
La vida que vivimos es un constante aprendizaje y debemos recordar que cada paso que damos en algo nuevo, o alguna nueva relación, que estamos desarrollando, seguramente habremos de estar preparados en observar qué cosas hay que no conocemos y tendremos que ser instruidos u orientados para poder adquirir el conocimiento necesario y luego poderlo aplicar.
Cuando sabemos reconocer las instrucciones que nos han dado evitamos cometer errores mayores.
Esto es aplicable también para las personas con quienes nos relacionamos, y es gratificante cuando hacemos alguna corrección y nos lo agradecen.
Seguramente, cuando podemos planificar las cosas y tomarnos el debido tiempo para inquirir y analizar lo que habremos de emprender, los errores que cometamos se habrán de reducir, pero cuando la improvisación y la falta de preparación en lo que estamos emprendiendo esté presente, los errores estarán a la orden del día.
En muchos de los casos cuando se nos está indicando algo, fácilmente pensamos que ya lo entendimos y no permitimos que se nos complete la información; entonces, con toda facilidad, los errores estarán manifiestos.
Por lo mismo, es mucho mejor que la instrucción que se nos está dando sea escuchada porque confirma lo que sabíamos era el modo correcto, y probablemente algún detalle que se nos dio podrá ser una alternativa más que habrá de enriquecer nuestro conocimiento.
La práctica que tenemos de repasar algo, sea por un trabajo o bien para una tarea, es una modalidad que nos permite asegurarnos de la información y de ese modo no habrá lugar de errores y falta de claridad en lo que estamos planificando. Por esta misma razón, cuando en alguna ocasión se nos está explicando algo o bien instruyendo, nuestro rostro, que de alguna manera es un espejo de lo que la mente está pensando, debe indicar una serenidad y apertura mental de un modo que quien nos está instruyendo percibe que no solo es escuchado, sino también valorado por lo que informa.
En nuestros días, donde la tecnología de alguna manera ha ocupado muchos espacios que en el pasado las personas nos asistían, no es extraño ver a alguien frente a un aparato con un rostro de desesperación y urgencia porque la información no aparece en la velocidad que el interesado requiere.
De ninguna manera se está diciendo que el tiempo no es valioso, pero la prudencia de entender que la urgencia personal no se puede aplicar a los demás para que marquen el tiempo conforme a nosotros nos afecta.
El hecho es que compartimos nuestra vida con tantas personas, y debemos de tomar el tiempo en algún momento para comentar a alguien, sin duda alguna con el permiso debido y las disculpas apropiadas, y luego indicarle que lo que quiere hacer tiene otra modalidad que le será mucho más fácil,
Recuerdo en una ocasión, estando en una parada de autobús, le comenté a la persona que estaba conmigo que necesitaba ir a cierto lugar, y una persona que estaba allí me comentó que había un bloqueo y que no había paso. Personalmente, se lo agradecí porque estaba buscando mi bien al darme la información.
Debería ser nuestra meta diaria, en lo que sea posible, cometer el mínimo de errores, pero por encima de ello y mucho más importante, el no repetir errores que posiblemente hemos cometido en el pasado.