Rincón de Petul
Faltan 220 mil guatemaltecos
Por cada persona deportada desde allá, hay una que es computada como recibida, desde aquí. Y nuestros datos oficiales simplemente no reflejan semejante expulsión.
Desde que tengo memoria, el Ministerio de Relaciones Exteriores publica en su página web un mapa estadounidense con lo que ellos llaman su “estimación” de cuántos guatemaltecos viven en ese país. La cifra ha servido como la referencia más oficial posible para una pregunta importante que nos acompaña desde hace varias décadas: ¿cuántos guatemaltecos viven en Estados Unidos? Y, como se imaginará, este es un dato que ha crecido casi ininterrumpidamente, casi paralelamente al crecimiento también de las remesas. Pero esta semana vi la publicación actual, que rompe de forma drástica la tendencia: Minex estima que en 2026 hay 220 mil guatemaltecos menos en EE. UU. que en 2025. Preguntas importantes saltan a la vista. ¿Qué nos dice eso? Y, si acaso vale preguntarnos: ¿Dónde están?
¿La primera oficialización de una migración neta negativa?
La hipótesis natural para explicarlo no es difícil de ubicar. Trump, ¿no? El endurecimiento de la política migratoria; las deportaciones, que ahora concentran más a gente que vivió allá y no tanto a quienes apenas intentaban llegar, cambiando la tendencia histórica, según declaró el director de Migración guatemalteca, Danilo Rivera, en un reciente TanGente. Las imágenes que vemos en noticias y redes de paisanos perseguidos por agentes migratorios, subidos a vehículos con destino desconocido, no contradirían esa afirmación. Seguramente los políticos con agendas antimigratorias tampoco se abstendrán de atribuirse semejante gol.
El problema, sin embargo, está en los números. Por cada persona deportada desde allá, hay una que es computada como recibida, desde aquí. Y nuestros datos oficiales simplemente no reflejan semejante expulsión. Según el Instituto Guatemalteco de Migración, los dos años —el 2025 completo y lo que va de 2026—, suman 85 mil personas retornadas forzosamente desde Estados Unidos. Esa cifra, además, incluye a quienes fueron capturados en su intento migratorio y que nunca habrían figurado en las estimaciones publicadas anteriormente por la cancillería. Ese dato es menor, insisto, según confirmó el director Rivera, pero igual significativo y computable.
Esto nos empuja hacia una segunda hipótesis, la de las llamadas “autodeportaciones”. Las voluntarias. Las de la gente que se hastió del miedo, de la hostilidad de vivir en un Estados Unidos amenazante y con tendencias menos amigables. Suena lógico. Y responde a una especulación vigente desde hace algún tiempo. Desde el año pasado, de hecho. La posibilidad de que estemos ante una nueva tendencia en la migración guatemalteca hacia aquel país. Una migración neta negativa, por primera vez en muchos lustros. Hasta ahora únicamente podíamos especular sobre su existencia y, de existir, sobre su magnitud. El mapa de Minex podría ser, finalmente, una primera oficialización de la hipótesis.
Aún quedan dudas por aclarar. La primera es una que hemos tenido durante mucho tiempo: ¿cómo saca Minex esa información? Se supondría que parten de los registros de usuarios de los consulados. Pero hay rastros por ahí que indican que a la estimación le falta precisión. Y la otra son las remesas que, en vez de disminuir, han aumentado un 4% este año. Son dudas que persisten e impiden llegar a conclusiones y que, más bien, fortalecen aquella pregunta inicial: ¿Dónde están ahora esos 220 mil guatemaltecos? Y de donde surgen tantas más: ¿Se están reincorporando a la vida nacional? ¿Qué se desprende de la segmentación por regiones de estos flujos? ¿Es la primera señal oficial de un retorno masivo? Si no le gusta el término masivo solo piense en esto: la cifra faltante equivale en tamaño a la población entera de la ciudad de Quetzaltenango.