Rincón de Petul

Gracias, mundo

La humanidad puesta, por cuatro semanas, en dirección de un mismo objetivo.

Dicen que para el Mundial 2026 los noruegos llegaron a Estados Unidos con su propia comida. En un avión, según contaron a The Athletic, montaron 300 kilos de salmón, trucha y otros pescados de los mares nórdicos. Así también, 200 kilos de quesos y 6 mil naranjas, todo traído desde su país. Claro está que jamás pensaron que en Boston y las cercanías a Nueva York —donde establecieron sus campamentos itinerantes— no se conseguiría comida. Es que hasta ese detalle llegaron el compromiso y la ilusión con los que asumieron lo que terminó siendo el mejor mundial de su historia. Noruega, tan solo una anécdota entre las 48 selecciones de las finales de un torneo que, incluyendo clasificatorias, hizo lo que parece imposible: alinear a 208 naciones (aún más que los Estados reconocidos por Naciones Unidas) en dirección de una misma misión.


Escuché algún día a alguien imaginar la llegada de visitantes extraterrestres durante un mundial. Decía que podrían concluir con que nuestra especie es una que perdió el juicio. Los noruegos, llenando aviones con su propia comida al que quizá es el país más abastecido del planeta, seguramente no servirían para contradecir el diagnóstico de demencia. Y menos, aún, al descubrir que semejante despliegue no fue una extravagancia solitaria del equipo de la camisa roja, sino realmente tan solo una muestra del grado de compromiso con que decenas de países asumieron el torneo.

Lo lindo de esto, al final, es el objetivo de cada delegación, de brindar alegría por unos días a la nación que representan.


El internet está lleno de datos curiosos que las selecciones tomaron en el mismo sentido. ¿Bebidas energéticas para contrarrestar la deshidratación? Más de uno pensaría en Gatorade o Powerade. Pero no los nipones. Ellos, con su reconocida avanzada científica, habrían realizado estudios al ADN de cada jugador para administrar bebidas personalizadas. Y está también el caso de los surcoreanos, que pusieron su poder de innovación al servicio de la causa: alianzas con sus empresas tecnológicas para crear botas robóticas de rápida recuperación muscular, gafas de terapia de luz cuántica para combatir el desgastante jet lag, y modeladores tridimensionales de los estadios, donde las sesiones tácticas se realizaron como si ya estuvieran en el campo de juego.


El Mundial dejó espacio también para las victorias que no aparecen en los podios. Cabo Verde dejó de ser, tal vez para siempre, para millones un nombre ignorado, un punto perdido en medio de un océano desconocido. Paraguay habrá hecho lo mismo para quienes viven del otro lado del globo terráqueo. Uzbekistán, Jordania y Panamá, que rara vez se asoman en las noticias del día, sonaron, aunque fuera por noventa minutos, en la memoria colectiva. Es lo que hace esta competencia, obligar durante un mes al planeta a mirar con atención rincones que antes no se habrían recordado en una lección de geografía. Y en tiempos cuando las noticias determinan nuestras propias certezas, queda una pequeña victoria para la humanidad, al descubrir que el mundo somos más que lo que todos los días escuchamos.


Visto así, tal vez aquellos extraterrestres estarían confundiendo demencia con algo que es distinto. El fútbol da a algunos países la oportunidad de ser los mejores del mundo en algo; a otros, de existir ante el ojo de millones. Pero el mayor triunfo debe pertenecer a todos: durante cuatro semanas, la humanidad pone en pausa toda diferencia para mirar hacia un mismo lugar. Para emocionarse por las mismas cosas y perseguir, cada quien a su manera, el mismo sueño. Unos con botas tecnológicas y otros transportando truchas y salmones de un extremo a otro del océano Atlántico. Lo lindo de esto, al final, es el objetivo de cada delegación, de brindar alegría por unos días a la nación que representan.

ESCRITO POR:

Pedro Pablo Solares

Especialista en migración de guatemaltecos en Estados Unidos. Creador de redes de contacto con comunidades migrantes, asesor para proyectos de aplicación pública y privada. Abogado de formación.