Escenario de vida
Guatemala rumbo a Turquía, a la COP31
Uno de los asuntos cruciales será lograr que los países desarrollados conviertan sus compromisos en acciones concretas.
Muchos de mis lectores se preguntarán cuál es el verdadero papel de una conferencia mundial sobre cambio climático llamada COP31 y por qué debería interesarnos. En Turquía se reunirán representantes de casi 200 países, científicos, organismos internacionales, empresarios y organizaciones de la sociedad civil para buscar soluciones a una crisis que amenaza la seguridad alimentaria, la salud, los ecosistemas y las economías.
Guatemala también está en este escenario.
La celebración del 103 aniversario de la República de Turquía permitió reafirmar los lazos de amistad y cooperación que unen a esa nación con Guatemala. Durante el acto, la embajadora Beliz Celasun Rende destacó la importancia de Turquía en la COP31, siendo la sede del 9 al 20 de noviembre de 2026, mientras Australia ejercerá la Presidencia de las Negociaciones. Esta alianza busca fortalecer la cooperación internacional en un momento de grandes desafíos para el multilateralismo. Ya no basta con formular compromisos: hay que traducirlos en acciones prácticas y resultados tangibles.
La meta del Acuerdo de París sigue en pie, y es mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 °C y proseguir los esfuerzos para limitarlo a 1.5 °C respecto de los niveles preindustriales. Cada fracción de grado cuenta ante las sequías, inundaciones, pérdida de cosechas y fenómenos extremos.
Pero hay algo particularmente interesante en la visión turca: su propósito es convertir esta COP en una “Conferencia de la implementación” (Implementation COP). Como señala su propuesta, ya no basta con formular compromisos; es indispensable traducirlos en acciones prácticas y resultados tangibles. Para ello, sus tres principios rectores serán diálogo, consenso y acción.
Una delegación calificada de Guatemala participará en esta cita. Como delegada oficial, también estaré presente, acompañando los esfuerzos de nuestro país. Hemos reservado un salón para ofrecer, el 19 de noviembre, una conferencia de prensa titulada “De los compromisos a la implementación”.
Será una oportunidad para destacar que Guatemala ya realiza contribuciones voluntarias. Uno de los asuntos cruciales será lograr que los países desarrollados conviertan sus compromisos en acciones concretas, coherentes y respaldadas por los recursos financieros, tecnológicos y técnicos necesarios. No basta con anunciar metas: hay que cumplirlas.
Hablemos de las NDC. ¿Qué son? Son nuestros planes de acción, llamadas “Contribuciones determinadas a nivel nacional”, y Guatemala ya avanza en la preparación de su NDC 3.0 para combatir el cambio climático. Lo hace con sus propias metas, capacidades, recursos y circunstancias, siendo más ambiciosa e intersectorial que antes, enfocándose en género y pueblos indígenas.
Estos compromisos abarcan tres responsabilidades: reducir las emisiones contaminantes —mitigación—, prepararnos para enfrentar los efectos del cambio climático —adaptación— y definir cómo se financiarán las acciones necesarias. Ya bien con energía solar, el transporte menos contaminante y la reforestación. Preparar comunidades ante inundaciones y sequías; proteger las fuentes de agua e incorporar los conocimientos ancestrales. También exige determinar cuánto puede aportar cada país y qué apoyo necesita de las economías más desarrolladas.
Nuestros delegados estarán allí para defender la posición nacional y promover la cooperación, la transferencia de tecnología y el financiamiento que necesitamos.
Porque nuestro planeta es la casa de todos y su conservación no puede depender únicamente de buenas intenciones. Es hora de que los compromisos se conviertan en acciones y que esas acciones produzcan resultados.