Estado, empresa y sociedad

Había una vez un país

¿Valdría la pena confiar en sus instituciones y autoridades?

Si nos llegaran noticias de un país, con la mayoría poblacional y la economía más grande de la región, próximo al mayor mercado libre de consumo del mundo, con una conectividad natural envidiable por estar ubicado geográficamente entre dos océanos, a la mitad del continente, bisagra en el centro de las Américas, centro logístico natural de Mesoamérica, con una competitiva plataforma exportadora, impresionante biodiversidad (flora y fauna), una veintena de ecosistemas, 350 microclimas, recursos naturales, vocación forestal, patrimonio cultural e historia milenaria, destino turístico y un capital humano joven, laborioso y resiliente. Si además nos cuentan que posee yeso, carbonatos y petróleo, plomo, zinc, cobre, antimonio, mercurio, cobalto, cromo, magnesio, manganeso, plata, oro, níquel, carbón, barita, mármol, esquistos, jade, mica, talco, piedras semipreciosas, pómez, tobas, coladas de lava, grava y arenas; cuencas hidrográficas, energía eólica y volcánica, entre otras riquezas naturales.


Pero si también nos llegaran noticias de que en ese país hubo un enfrentamiento armado interno que duró 36 años que finalizó hace 30 años, que cuenta con un sistema democrático republicano contemplado en una Constitución de 1985, pero que lamentablemente el régimen institucional de derecho, seguridad, justicia y paz se ha visto paulatinamente contaminado por la incompetencia e improvisación politiquera de gobierno tras gobierno, cooptado por la corrupción, el crimen organizado nacional y transnacional, en un contexto de generalizada impunidad.


Si también se dice que la llamada narcopolítica y el crimen organizado se han manifestado en ese país, como la punta de un iceberg, evidenciado por acusaciones, persecuciones penales, o extradiciones a los Estados Unidos de América de múltiples casos de políticos, diputados, alcaldes, banqueros, funcionarios, mandatarios, contratistas del Estado, entre muchos otros, al mismo tiempo que las maras (declaradas organizaciones terroristas) mantienen en vilo a empresarios y a la ciudadanía trabajadora en general; e incluso, que se dejó escapar de la cárcel bajo el control del gobierno a una veintena de los peores y más sanguinarios jefes de dichas pandillas.

Amable lector, si usted fuera extranjero, ¿estaría decidido a invertir en ese país, o simplemente a conocerlo como turista, o acaso valdría la pena confiar en sus instituciones y autoridades?


Y si, más recientemente, corre por el mundo la noticia de un medio de comunicación digital patrocinado por algunos miembros del sector privado organizado, denunciando públicamente que existiría una supuesta conspiración de asesinato de su director y miembros del equipo editorial, aparentemente dirigida por el presidente y vicepresidente del Congreso de la República, un jefe de una bancada parlamentaria y un candidato a la presidencia de la República, asociados con el crimen organizado y la narcopolítica, sin que la institucionalidad de seguridad y justicia muestre intención alguna de investigar, aclarar y eventualmente perseguir a los responsables.


También se sabe que ese país quiere alcanzar el grado de inversión, dados los magníficos indicadores macroeconómicos que posee y que denota grandes fortalezas y oportunidades. Pero, amable lector, si usted fuera extranjero, ¿estaría decidido a invertir en ese país, o simplemente a conocerlo como turista, o acaso valdría la pena confiar en sus instituciones y autoridades?


Porque es una pena que los habitantes de ese país, teniendo un conjunto extraordinario y envidiable inventario de factores y ventajas comparativas favorables, sigan acarreando lastres que no les permiten desarrollarse con prosperidad, equidad, seguridad, justicia y paz. Ojalá así lo entendieran, tanto su pueblo como sus gobernantes.

ESCRITO POR:

José Alejandro Arévalo

Profesional, especialista en banca y finanzas. Profesor universitario. Consultor independiente.