Rincón de Petul

IA: Otra amenaza sobre la columna de opinión

La columna de opinión periodística, como formato, está de por sí viviendo una que no es su época de oro.

Puede que la tecnología aún sea considerada como emergente, pero la sabiduría que es necesaria detrás de su uso, no. Con abundancia hemos escuchado que las cosas no son buenas o malas en sí, y que lo importante es la forma en que se utiliza. En las actividades profesionales y cotidianas, la inteligencia artificial cae dentro de esta premisa. Bendición o perdición, al final, mucho dependerá del usuario.

Firmar textos hechos por una máquina defrauda a la audiencia y al medio que lo publica.

En la escritura, el impacto de esta nueva tecnología no ha sido pequeño. Varias de las industrias que dependen de que personas reales piensen, redacten y envíen un contenido firmado, lo están sufriendo. Llevan algunos años enfrentando la posibilidad de que esos contenidos no sean el pensamiento de un humano, sino el de algún sistema en alguna computadora.

Ciertamente, cada vez que emerge una nueva tecnología se siente que el mundo se acaba. Pero esta industria revolucionaria trae implícito algo que no se puede esquivar cuando hablamos de autoría. Estos modelos tienen la capacidad de sustituir completamente al autor. Basta indicar al ordenador simples instrucciones (tema, tonalidad y especificaciones), y en cinco segundos presenta una pieza terminada y lista para publicar. Publicar, claro, con la firma de alguien en quien los lectores confían como autor.

Esto ha provocado casos penosos. Uno de los primeros de trascendencia global fue inaudito. Involucró a la legendaria Sports Illustrated al descubrirse que subían a sus plataformas no solo artículos sospechosos, sino que, además, los autores -fotografía y todo- ¡eran también artificiales! El medio se vio en la necesidad de explicarse y hasta hubo despidos sin que se admitiera que esa fuera la causa. El golpe a la reputación quedó. Este caso fue un extremo y su impacto en la industria también. Pero no hace falta llegar al extremo de inventar identidades para que el público se considere engañado.

Y es que sí, Gemini puede ser fantástico para investigar; Claude para redactar fino y estructurar, y ChatGPT, para pulir. Pero si ellos sustituyen al humano, se echa de ver. Hay fórmulas, estructuras, lenguaje y toda una receta que se siente al primer bocado. Textos que basta con ojearlos para palpar que lo único propio es el nombre de quien firmó. Para un alumno escolar, eso es una tragedia. Para un ejecutivo en una empresa, una pena. Y para un autor cuyo trabajo es precisamente la autoría, es un bochorno.

La columna de opinión periodística, como formato, está de por sí viviendo una que no es su época de oro. Ha sobrevivido el vendaval de más dinámicas formas de emitir opinión en redes sociales, pero no sin un buen golpe de audiencia. Y si a esto se agrega que ahora algunos autores pueden estar cayendo en la tentación de suplantar su ingenio y capacidad con algo totalmente obtenido artificialmente, las capacidades del género de sobrevivir serán más limitadas. Las herramientas artificiales pueden servir de apoyo para la escritura y es aceptado, si su uso es honesto. Pero firmar algo escrito por otro nunca ha sido considerado así. Al firmar un trabajo hecho por una máquina se defrauda a la audiencia, e impacta no solo al columnista perezoso, sino, además, al medio que lo publica. La importancia de la columna de opinión no radica hoy tanto en cuánta gente la lee, sino en quienes la leen. Y eso debiera ser suficiente motivación para continuar trabajando en entregas reales. Bueno, eso, y el nombre… la firma. Qué clavo pasar por el bochorno de que lo pasen a uno por un detector y salga en color rojo: 100% IA.

ESCRITO POR:

Pedro Pablo Solares

Especialista en migración de guatemaltecos en Estados Unidos. Creador de redes de contacto con comunidades migrantes, asesor para proyectos de aplicación pública y privada. Abogado de formación.