Escenario de vida
Independencia celebrando nuestra memoria
Una nación que conoce y protege su patrimonio, conoce mejor su propia identidad.
Estamos en septiembre, el mes en que los guatemaltecos celebramos nuestra independencia. Es un momento para volver la mirada hacia nuestras raíces, nuestra historia, nuestras tradiciones y todo aquello que nos identifica como nación.
Y hay lugares donde esa historia permanece viva, como en El Museo Nacional de Arqueología y Etnología, el Museo Ixchel del Traje Indígena, el Museo Nacional de Arte Moderno Carlos Mérida, el Museo del Jade, el Museo del Libro Antiguo, el Museo de Arte Colonial y los museos de Casa Santo Domingo, entre otros. Conservan piezas que nos permiten conocer distintas etapas de nuestra historia y comprender mejor quiénes somos.
Cada uno guarda una parte de nuestra identidad. En ellos encontramos objetos de antiguas civilizaciones, expresiones de nuestros pueblos indígenas, textiles que contienen siglos de tradición, obras de nuestros artistas y documentos que, sin el trabajo de quienes los han conservado, podrían haberse perdido para siempre.
Por eso, en este mes patrio, vale la pena recordar que conocer Guatemala también significa visitar sus museos, ya que no solamente hablan de arte, arqueología, jade, textiles o historia. Hablan de nuestra identidad y orgullo.
Sin embargo, en Estados Unidos, conocí dos museos fuera de serie: el McLarty Treasure Museum y el Mel Fisher Treasure Museum.
Allí descubrí una historia extraordinaria. En 1715, una poderosa flotilla española que regresaba a Europa desde La Habana fue sorprendida por un terrible huracán frente a las costas de Florida. Once barcos naufragaron y cientos de personas perdieron la vida. Grandes cantidades de monedas de oro y plata, joyas y otros objetos preciosos quedaron dispersos y enterrados bajo las aguas y las arenas de lo que hoy conocemos como la Costa del Tesoro. El mar se convirtió, literalmente, en un enorme museo: un museo sin paredes ni vitrinas.
El mar se convirtió, literalmente, en un enorme museo: un museo sin paredes ni vitrinas
Más de tres siglos después continúan apareciendo monedas y artefactos relacionados con la flotilla de 1715. Muchos historiadores aventureros agregan nuevas piezas al rompecabezas de aquella tragedia y de la vida durante la época de los galeones españoles.
Pero recuperar un tesoro que lleva siglos bajo el agua no es cuestión de suerte. Detrás de cada hallazgo existen años de investigación, paciencia, inversión, conocimiento y perseverancia como Mel Fisher, quien se dedicó por décadas a buscar naufragios y tesoros submarinos y tardó décadas en lograrlo. Hoy, el Mel Fisher Treasure Museum permite conocer esa extraordinaria aventura. Nos habla de una época, de las rutas marítimas, de las personas que la utilizaron y de un mundo que ya no existe.
Y detrás de cada pieza existen personas: historiadores, arqueólogos, investigadores, restauradores, coleccionistas, científicos, conservadores, buzos y ciudadanos apasionados que han dedicado años a investigar, rescatar, documentar y conservar aquello que podría desaparecer.
Lo mismo sucede en Guatemala. Porque nuestros museos no son simplemente edificios donde se guardan objetos antiguos. Son los guardianes de nuestra memoria y una herramienta extraordinaria para educar a las nuevas generaciones.
En Florida, un niño puede descubrir que debajo del océano todavía existen barcos, monedas y objetos de hace más de tres siglos. En Guatemala puede descubrir la riqueza de la civilización maya o capítulos de la era de los conquistadores.
Dos mundos diferentes, unidos por una misma misión: conservar la memoria para que las nuevas generaciones puedan conocerla, apreciarla y sentirse orgullosas de ella. Ese puede ser el mayor tesoro que cualquier museo nos puede ofrecer. Feliz Día de la Independencia.