Conciencia

Instituciones, reflejo de la sociedad

Las instituciones son mucho más que leyes; reflejan los valores y comportamientos de una sociedad.

Al escuchar la palabra institución, casi todos piensan en algo relacionado con el Estado: una ley, un tribunal o una oficina pública. Sin embargo, pocas veces se profundiza en lo que realmente significa hablar de instituciones.

Las instituciones formales se aprueban por ley; las informales toman generaciones.

Douglas North, economista, premio Nobel en 1993, sostenía que las instituciones moldean la forma en que las personas interactúan entre sí. Algunas son formales y están respaldadas por leyes, contratos, reglamentos o tribunales. Otras son informales y tienen que ver con costumbres, valores y prácticas que la sociedad adopta y transmite con el paso de los años.

North observó que estas diferencias ayudan a explicar por qué unos países prosperan más que otros. Cuando una sociedad premia el esfuerzo, el mérito, la innovación y el cumplimiento de las reglas, obtiene más de esos comportamientos. Cuando tolera los privilegios, la corrupción o la arbitrariedad, obtiene más de lo mismo.

La idea resulta particularmente relevante para Guatemala. Con frecuencia se piensa que fortalecer las instituciones consiste en aprobar nuevas leyes, crear entidades o reformar estructuras administrativas. Sin embargo, el desafío va mucho más allá.

De hecho, en los últimos meses se han aprobado leyes y reformas imitando leyes extranjeras con la expectativa de que resolverán problemas complejos. Sin embargo, cuando no toman en cuenta el contexto o los incentivos existentes, los resultados suelen ser limitados. Las leyes deben ser ampliamente discutidas, deben ser consistentes con el marco legal del país y además no ser un parche de una ley similar en otros países. Debe ser acompañada de estudios técnicos y su fuente de financiamiento.

A Guatemala posiblemente no le faltan leyes, reglamentos o instituciones públicas; le sobran. Obvio que no hemos tenido buenos resultados. La corrupción, la falta de transparencia, la poca certeza del castigo y la desconfianza entre ciudadanos continúan frenando el desarrollo del país.

Tal vez por eso vale la pena prestar atención a las reglas que no aparecen en ninguna ley: los valores que practica la sociedad. Son las más complejas de cambiar porque se transmiten de generación en generación. Se aprenden en la familia, se refuerzan en la escuela y se ponen a prueba todos los días. Como muestra North, la forma en que una sociedad entiende la honestidad, el mérito, el respeto por las normas o el servicio a los demás termina influyendo en la calidad de sus instituciones.

Poco sirve una ley contra la corrupción si socialmente se toleran los abusos y los privilegios. Un sistema basado en el mérito difícilmente prosperará si “hacer favores” se considera normal. Las normas de tránsito tendrán poco efecto si la mayoría de los ciudadanos las percibe como opcionales.

Por esa razón, fortalecer las instituciones no es únicamente una tarea del gobierno. También es una responsabilidad ciudadana. La integridad se pone a prueba cuando nadie está mirando. El civismo se refleja en el respeto por las reglas. La excelencia surge cuando se busca hacer bien las cosas y no simplemente cumplir con lo mínimo. El servicio aparece cuando entendemos que nuestras acciones tienen un impacto en los demás.

Las instituciones mejoran cuando los ciudadanos participan, exigen cuentas, respetan las normas y se involucran en la solución de los problemas de su comunidad. Resuelven conflictos de forma pacífica y su comportamiento es acorde a los principios previamente establecidos.

Las instituciones formales se aprueban por ley. Las informales toman generaciones. Por ello, fortalecer las instituciones comienza con cada ciudadano. Los valores que practicamos todos los días terminan reflejándose en las normas, organizaciones y comportamientos de una sociedad. Al final, las instituciones son el reflejo de quienes somos.

ESCRITO POR:

María del Carmen Aceña

Ingeniera en Sistemas, con maestría en Administración de Empresas de INCAE. Vicepresidente del Centro de Investigaciones Económicas (Cien). Exministra de Educación. Amante de la vida y de Guatemala