A contraluz

La codicia de la FIFA

Un campeonato deportivo de masas se ha convertido en un espectáculo exclusivo para las élites.

El Mundial de futbol es el fenómeno deportivo más espectacular del planeta, que se acompaña de manifestaciones sociales y culturales. Es la fiesta de las masas que toman las ciudades, para convertirlas en festivales que celebran en cada esquina los goles de la victoria. Es muy probable que esa algarabía también se desplace por las ciudades de Estados Unidos (11), México (3) y Canadá (2) que albergarán los partidos.

La FIFA ha convertido el Mundial de Futbol en un negocio con precios obscenos.

Sin embargo, en esta ocasión existe una nota discordante: la avaricia de Gianni Infantino, presidente de la FIFA, ha llevado los precios de los partidos a niveles estratosféricos, imposibles de pagar para una persona común y corriente. El valor de ingreso a los estadios los impone la FIFA y le saca el jugo a lo que se comercie en los graderíos, como la venta de cerveza y botanas, entre otras. Por ejemplo, un vaso de cerveza costará US15. El problema es el efecto dominó porque los empresarios locales tienden a inflar los precios de los hoteles, restaurantes, taxis y demás servicios turísticos.

Anteriormente, los precios eran accesibles porque el deporte se debía a la gente. Para el Mundial México 1986, el paquete más costoso para ingresar a 13 partidos, que incluía la gran final entre Argentina y Alemania Federal, tenía un costo de 135 mil pesos mexicanos, equivalente a unos US$250 a US$270. Eso permitía que un padre de familia pudiera llevar a sus hijos a ver los partidos y pudiera comprar cerveza, refrescos y hot dogs. La gente sencilla podía hacer un esfuerzo para participar en la fiesta futbolística.

Para el Mundial de Qatar 2022, la final entre Argentina y Francia, en el Estadio Lusail, los precios de la FIFA se consideraron los más caros de la historia. El boleto más económico (gradas detrás de las porterías) costaba US600 y el más caro en las zonas preferenciales (laterales y visión central) llegaba a US$1,600. Los precios estaban acordes al alto nivel de vida del país árabe.

Ahora los costos se fueron a las nubes para la gran final del Mundial 2026 en el MetLife Stadium, de Nueva Jersey. La categoría 4, la más barata por estar más alejada del campo, tenía un costo inicial de US$2,030 y la más cara, preferente junto a la cancha, tenía un costo inicial de US$10,990. Pero la especulación los convirtió en precios obscenos. Las plataformas de reventa, avaladas por la FIFA, han llegado a ofrecer la categoría 1 estándar a US$40 mil hasta el desmedido costo de US$2,299,998.85 (Q17,710,000 millones) por un asiento. Un campeonato deportivo de masas se convirtió en un espectáculo exclusivo para las élites. Esa situación ha provocado investigaciones fiscales en Nueva York y Nueva Jersey por denuncias de escasez artificial y precios abusivos.

Hasta el presidente Donald Trump ha dicho que no compraría un boleto para ver el partido inaugural entre EE. UU. y Paraguay, cuya ubicación premium fluctúa entre US$2,500 y US$3,500 por asiento. “Yo tampoco lo pagaría, para ser honesto”, le dijo al diario New York Post.

Al respecto, Pep Guardiola, entrenador del Manchester City, expresó: “Recuerdo que, hace varios años, la Copa del Mundo era una celebración para las naciones. Los hinchas viajaban alrededor del mundo para ver a su país y todo era accesible. Pero en la era moderna se ha vuelto muy caro y no entiendo la razón”.

El alto costo también ha impactado en los hoteles. La Asociación Estadounidense de Hoteles y Alojamiento informa que ocho de cada diez hoteles en las ciudades anfitrionas experimentan una demanda inferior a la prevista, por debajo de los niveles habituales en un verano típico. La codicia de Infantino ha terminado por matar a la gallina de los huevos de oro.

ESCRITO POR:

Haroldo Shetemul

Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Pontificia de Salamanca, España. Profesor universitario. Escritor. Periodista desde hace más de cuatro décadas.