Godot ha llegado

La guerra híbrida

La guerra híbrida es una estrategia de conflicto que combina métodos militares convencionales con tácticas no convencionales

Empecemos por recordar las palabras del general retirado británico, Rupert Smith de su libro La utilidad de la fuerza, donde escribió: “La guerra ya no existe. Hay, sin duda, confrontaciones, conflictos y combates en todo el mundo… y los Estados aún tienen fuerzas armadas que utilizan como símbolos de poder. Sin embargo, la guerra, tal y como la entienden la mayoría de los combatientes, la guerra como contienda en un campo de batalla entre hombres y maquinaria, la guerra como gran acontecimiento decisivo en una disputa de asuntos internacionales, esa guerra ya no existe”. Su libro fue publicado en el 2005 y de repente apareció Rusia contra Ucrania en su llamada Operación Militar Especial y todo cambió, pero cambió en una forma que Ucrania lo hizo posible. Desapareció el campo de batalla y los combatientes han sido reemplazados por drones e inteligencia artificial, este es el inicio de las nuevas guerras.

Ucrania e Irán dejaron de ser David que con una onda vencen a Goliat.

La guerra híbrida es una estrategia de conflicto que combina métodos militares convencionales con tácticas no convencionales para desestabilizar a un adversario sin llegar necesariamente a una guerra abierta y declarada. Entre sus herramientas se encuentran las fuerzas militares regulares e irregulares, los ciberataques a infraestructura crítica, la desinformación y propaganda, las operaciones de inteligencia, la presión económica y el apoyo a grupos insurgentes o proxies que en el contexto de conflictos y relaciones internacionales, es un actor —ya sea un grupo armado, una organización, un partido político o incluso un Estado— que actúa en nombre o en beneficio de una potencia mayor, sin que esta tenga que involucrarse directamente en el conflicto.Un ejemplo claro es el de Irán con Hezbolá en el Líbano donde Irán apoya financiera y militarmente a esta organización, que actúa como su brazo armado en la región sin que Irán tenga que desplegar sus propias fuerzas.

Una de sus marcas distintivas es la ambigüedad deliberada: las acciones se ejecutan de forma que resulta difícil atribuirlas a un actor concreto, lo que complica enormemente la respuesta del Estado atacado. Sus objetivos suelen ser debilitar instituciones, erosionar la cohesión social, influir en procesos electorales y lograr metas estratégicas sin cruzar el umbral de la guerra convencional.

Ejemplos claros de esta estrategia se pueden observar en la actuación de Rusia en Ucrania desde el 2014, con el uso de soldados sin insignias y el apoyo a grupos separatistas; en las campañas de desinformación rusas dirigidas a sociedades occidentales; en el uso iraní de milicias proxy en Oriente Medio; y en la expansión china en el Mar del Sur mediante fuerzas paramilitares y presión económica.

Contrarrestar la guerra híbrida es particularmente difícil porque opera en zonas grises, por debajo del umbral que justificaría una respuesta militar formal pero por encima de la actividad diplomática ordinaria. Por ello, los Estados necesitan respuestas integrales que combinen ciberseguridad, resiliencia democrática y alfabetización mediática, más allá del ámbito puramente militar. Hace un año causó mucho revuelo mi columna titulada “La guerra ha iniciado” (9 de marzo del 2025); no me imaginé que fuera algo como lo que vemos hoy en día, pero lamentablemente no me he equivocado. Ucrania e Irán dejaron de ser David que con una onda vencen a Goliat como Rusia y Estados Unidos, es la guerra híbrida, y no siguen reglas, se defienden, sobreviven en un nuevo mundo que apenas comienza. ¡Feliz domingo!

ESCRITO POR:

Roberto Wagner

Licenciado en Relaciones Internacionales por la UFM. Maestría en Relaciones Internacionales con especialización en Geopolítica (Warwick University, Reino Unido). Exdiplomático, profesor universitario, columnista, consultor y analista político independiente.

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