Meta Humanos

La importancia de tener y proteger convicciones

Cuando una sociedad pierde la convicción de que puede elegir libremente, la democracia comienza a vaciarse de contenido, aunque las instituciones sigan existiendo.

Elegir no es un acto que ocurre únicamente el día de una votación. Elegir también es expresar una opinión, participar en los asuntos públicos, cuestionar el poder y negarse a aceptar que otros decidan nuestro destino. Por eso, cuando comparto mi postura sobre lo que ocurre en la Universidad de San Carlos, siento que hago exactamente lo contrario de lo que buscan las acciones antidemocráticas: negarme a creer que mi voz no tiene valor o que el futuro ya está escrito por quienes concentran el poder.


Mi preocupación no se limita a una persona. Lo que rechazo es cualquier forma de actuar que debilite la democracia. En el caso de Walter Mazariegos, considero que la forma en que llegó y se ha mantenido en el cargo ha estado rodeada de hechos ampliamente cuestionados por distintos sectores de la comunidad universitaria y de la sociedad guatemalteca. Más allá de las resoluciones legales que han acompañado el proceso, existe una crisis de legitimidad que no puede ignorarse cuando una parte importante de la comunidad siente que su voluntad fue desplazada. Esa percepción erosiona la confianza en las instituciones y deja un mensaje peligroso: que el poder depende más de los privilegios políticos y económicos que de la voluntad de las personas. Ese es el mensaje que me niego a aceptar.


No quiero vivir en un país donde las nuevas generaciones crezcan pensando que participar no sirve de nada, que las decisiones importantes siempre serán tomadas por quienes tienen más influencia, más recursos o más conexiones. Cuando una sociedad pierde la convicción de que puede elegir libremente, la democracia comienza a vaciarse de contenido, aunque las instituciones sigan existiendo.


Por eso levanto mi voz. No porque crea que una publicación cambiará la realidad de un día para otro, sino porque el silencio también comunica. Callar frente a aquello que considero injusto sería renunciar a una de las libertades más valiosas que tenemos como ciudadanos: la libertad de expresar nuestras ideas y defender los principios en los que creemos.

Creo que la democracia no pertenece únicamente a los políticos.


Creo en una democracia donde el poder se obtiene mediante procesos transparentes, competitivos y legítimos. Creo en instituciones que inspiren confianza y no sospecha. Creo en autoridades que comprendan que el liderazgo no se impone, sino que se construye con credibilidad y respeto hacia quienes representan. Y creo que ninguna persona, por poderosa que sea, debería estar por encima de esos principios.


También creo que la democracia no pertenece únicamente a los políticos. Nos pertenece a todos. Se fortalece cuando estudiantes, docentes, trabajadores, empresarios, periodistas y ciudadanos comunes participan con responsabilidad y respeto, incluso cuando piensan distinto. Defender la democracia no significa defender a un partido o a un candidato; significa defender el derecho de cada persona a elegir libremente y a confiar en que su decisión cuenta.


Hoy elijo no resignarme. Elijo creer que Guatemala puede construir instituciones más fuertes, más transparentes y más justas. Elijo pensar que todavía es posible recuperar la confianza cuando la ciudadanía decide involucrarse en lugar de permanecer indiferente. Elijo rechazar cualquier práctica que normalice el abuso del poder, venga de quien venga. Y, sobre todo, elijo conservar viva una convicción que nadie debería arrebatarnos: soy libre de elegir. Esa libertad es la esencia de la democracia y también la mayor esperanza para el futuro de nuestro país. Hoy elijo un futuro democrático, justo y transparente.

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