Escenario de vida
La independencia que ganamos y la unión que perdimos
Quizás la respuesta sea aprender de los errores que destruyeron la Federación.
Cuando hablamos de la independencia del 15 de septiembre de 1821, solemos pensar en Guatemala. Pero aquel día no se independizó solamente Guatemala: todo Centroamérica celebró su separación de España, y las provincias permanecieron unidas incluso después, por casi dos décadas.
Para entenderlo, debemos regresar a la sociedad colonial. Los peninsulares, nacidos en España, gozaban de las mayores ventajas. Los criollos, descendientes de españoles pero nacidos en América, tenían riqueza y propiedades, pero no los mismos privilegios políticos. Los mestizos, resultado de la mezcla entre europeos e indígenas, junto con indígenas, africanos y otras castas, ocupaban distintos lugares dentro de una sociedad profundamente desigual. Estas diferencias alimentaron entre los criollos el deseo de participar directamente en el gobierno de las tierras donde habían nacido.
México se adelantó. El 16 de septiembre de 1810, Miguel Hidalgo y Costilla llamó desde Dolores a levantarse contra el gobierno virreinal. Ignacio Allende, Juan Aldama y otros se sumaron al movimiento. México libraría once años de guerra antes de alcanzar finalmente su independencia.
Centroamérica le siguió hasta el 15 de septiembre de 1821 pero sin enfrentamientos de sangre. José Cecilio del Valle redactó el acta de independencia; Gabino Gaínza quedó provisionalmente al frente del gobierno, y José Matías Delgado, Pedro Molina, Mariano de Aycinena y otros participaron en el proceso. También quedó en la memoria histórica Dolores Bedoya, quien alentó la presión popular alrededor del Palacio.
Pero aquella independencia no creó cinco países. Después de una breve anexión al imperio mexicano de Agustín de Iturbide, las provincias declararon el 1 de julio de 1823 su independencia absoluta de España, México y cualquier otra potencia. Se constituyeron como Provincias Unidas del Centro de América y, en 1824, nació la República Federal de Centroamérica, integrada por Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica.
No fue sino hasta el 21 de marzo de 1847 que Rafael Carrera formó la República de Guatemala.
La Federación, sin embargo, quedó atrapada entre guerras civiles, rivalidades políticas y la lucha entre liberales y conservadores. Francisco Morazán defendía una Centroamérica unida; Rafael Carrera, desde Guatemala, quería la autonomía para el país.
En marzo de 1840, ambos proyectos se enfrentaron en la Ciudad de Guatemala. Carrera derrotó militarmente a Morazán y el proyecto federal quedó prácticamente destruido. Para 1840, la Federación había desaparecido y no fue sino hasta el 21 de marzo de 1847 que Rafael Carrera formó la República de Guatemala.
Así terminó una historia que había comenzado con un sueño diferente. Nuestros antepasados conquistaron juntos la independencia de España. Intentaron construir juntos una Federación. Y terminaron divididos en las naciones que hoy conocemos.
Por eso, cuando en septiembre encendemos una antorcha, la Independencia representa que dejamos de ser colonia. ¿Pero, y si hubiéramos permanecido unidos? Una Centroamérica integrada podría tener mayor capacidad para defender intereses comunes en el escenario internacional, sin renunciar a la soberanía de cada nación. Quizás la respuesta no sea volver al pasado, sino fortalecer el Sistema de Integración Centroamericana (Sica) y aprender de los errores que destruyeron la Federación.
Porque la libertad se conquista, pero también hay que saber construir con ella. Y aquella Centroamérica unida que nació después de la Independencia… la perdimos nosotros mismos.
Termino felicitando a la embajadora de México, Luz Elena Baños Rivas, quien se lució con una regia fiesta de independencia que nos unió a todos con su música tradicional.