La antorcha

La UE: de actor a espectador

Sin unidad y sin capacidad militar propia, la UE arriesga pasar de actor a espectador en el nuevo orden multipolar.

Los Estados Unidos de América celebraron el 4 de julio pasado los 250 años de la solemne declaración de independencia de 1776, que sentó las bases sólidas de una unidad excepcional de repercusiones históricas de las 13 colonias fundacionales, que derrotaron al Imperio británico, uno de los más poderosos y extensos del momento, conjugando capacidades militares, extraordinaria comprensión geopolítica sustentada en efectivas habilidades diplomáticas y alianzas que sirvieron de contrapeso.

La UE está en un predicamento.

Los británicos se vieron obligados a suscribir el Tratado de París (1783), reconociendo en su esencia a los Estados Unidos como un nuevo Estado independiente y soberano. Los franceses como lo fueron también los españoles y, en cierta medida, los holandeses apoyaron en esta lucha independentista de diferentes formas por las rivalidades y confrontaciones históricas entre los imperios europeos.

Los EE. UU. nace como la primera república democrática bajo los principios y los derechos fundamentales del hombre, sabiendo maniobrar entre los imperios occidentales y se desarrolla expandiendo su territorio en Norteamérica.

En este devenir se consolida el sistema democrático y la unidad política de lo que hoy son los 50 estados de la Unión Americana, que han atraído en un principio a millones de migrantes de Europa y luego de todo el mundo, al ofrecer oportunidades de mejorar sus perspectivas de bienestar. Un fenómeno de orden político, económico, militar, social, religioso, científico y cultural de características históricas sin precedentes que ha llevado a que los EE. UU. sean hasta ahora la potencia mundial con capacidades inigualables y probado ser de gran resiliencia.

El futuro de la civilización occidental, liderado por los EE. UU. en este siglo XXI, que es altamente competitivo y de avances tecnológicos acelerados, está íntimamente relacionada a la fortaleza y a los mayores niveles de integración con el otro fenómeno histórico que tiene sus propias particularidades que nadie imaginaba 250 años atrás: la creación de la Unión Europea (UE), que cuenta actualmente con 27 países miembros. Las guerras mundiales del siglo XX, la descolonización y el colapso del imperio soviético dieron lugar a un proceso inédito de gobernanza supranacional político y económico que llevó a que la UE se convirtiera en un aliado indispensable e insustituible de los EE. UU.

Esta relación de EE. UU. y la UE, denominada transatlántica, que es la piedra angular de la civilización occidental, está pasando por serias tensiones, que reflejan que la UE mengua su alcance estratégico.

Las consecuencias de la guerra contra Ucrania, que quizá pudo haberse evitado y que aún continúa con mayor intensidad, ha sido un campo de batalla a niveles de la Segunda Guerra Mundial, en que subyace la confrontación indirecta entre Europa y Rusia, la potencia agresora.

La UE está perdiendo, como consecuencia de ello, la fortaleza de su necesaria unidad interna. Los gobiernos electos democráticamente se han debilitado peligrosamente y las principales economías están perdiendo competitividad y escalas de producción global. Las guerras en Medio Oriente que están afectando el flanco sur de Europa se han desarrollado sin su consentimiento ni su involucramiento directo.

La UE esta en un predicamento en que se cuestiona a sí misma la efectividad de su gobernanza en circunstancias en que se desata una carrera armamentista que apunta a nuevas confrontaciones militares que se sustentarán en la inteligencia artificial y la inherente innovación tecnológica en la que muestra rezagos. En suma, sin unidad y sin capacidad militar propia, la UE arriesga pasar de actor a espectador en el nuevo orden multipolar.

ESCRITO POR:

Luis Fernando Andrade Falla

Posgrado en Relaciones Internacionales, Universidad de Georgetown Washington, D.C. USA 1994-1995. Licenciatura en Ciencias Económicas por la Universidad Francisco Marroquín. Catedrático universitario. Contacto: lfandradef@hotmail.com