Construyendo ideas

La viralidad no gobierna

La elección de 2027 ya empezó.

Esta semana el Tribunal Supremo Electoral presentó el calendario preliminar que marcará el inicio del próximo proceso electoral. Para muchos fue una noticia administrativa. Para otros, el inicio de una nueva carrera política.


El liderazgo es el que debe conducir una nación.

Yo creo que fue algo más importante.

Fue el recordatorio de que las elecciones no comienzan cuando se abren las urnas. Comienzan cuando una sociedad decide con qué criterios evaluará a quienes aspiran a gobernarla.

La elección de 2027 ya empezó.

No porque existan candidatos oficiales, sino porque desde ahora empezaremos a formar opiniones, escuchar discursos y consumir contenido político. Sin darnos cuenta, comenzaremos a decidir qué tipo de liderazgo estamos dispuestos a premiar.

Vivimos una época extraordinaria. Nunca había sido tan fácil comunicar una idea, construir una comunidad o llegar directamente a millones de personas. Las plataformas digitales han democratizado la conversación pública y acercado a ciudadanos y líderes como nunca antes.

Eso fortalece la democracia.

Pero también exige ciudadanos más responsables.

Porque comunicar bien nunca será suficiente para gobernar bien.

En los próximos meses veremos surgir nuevos nombres, nuevas propuestas y sofisticadas estrategias para captar nuestra atención. Algunos vendrán de la política; otros del sector privado, la academia, los medios de comunicación o la sociedad civil.

Todos tienen el legítimo derecho de aspirar a servir al país.

Nuestra responsabilidad es otra.

Preguntar más.

Creer menos.

Exigir siempre.

Si el criterio termina siendo el número de seguidores, la capacidad de dominar una tendencia o la habilidad para producir un mensaje viral, estaremos confundiendo el instrumento con el propósito.

La política necesita buenos comunicadores.

Guatemala necesita buenos gobernantes.

Y no siempre son la misma persona.

Un video puede hacerse viral en cuestión de horas. La confianza para conducir una nación se construye durante años. Una estrategia de comunicación puede ganar una conversación. Solo el carácter, la preparación y la experiencia permiten enfrentar una crisis nacional.

Por eso las preguntas importan más que los discursos.

¿Conocemos la visión de país de quienes aspiran a gobernar? ¿Entienden cómo fortalecer la justicia, enfrentar al crimen organizado, generar empleo, mejorar la educación o recuperar la confianza en las instituciones? ¿Han demostrado integridad cuando nadie los observaba?

Porque un país no se gobierna administrando tendencias.

Se gobierna tomando decisiones difíciles.

El Tribunal Supremo Electoral podrá organizar un proceso transparente. Los partidos postularán a sus candidatos. Los medios informarán. Las organizaciones ciudadanas observarán el proceso.

En esta elección veremos campañas más segmentadas, inteligencia artificial generando contenido y estrategias digitales cada vez más sofisticadas. La tecnología seguirá evolucionando. Lo único que no puede perderse es nuestra capacidad de pensar críticamente. Ningún algoritmo reemplaza el juicio de un ciudadano informado.

Pero hay una responsabilidad que ninguna institución puede asumir por nosotros.

Pensar críticamente antes de votar.

La democracia no necesita ciudadanos que compartan más contenido político.

Necesita ciudadanos que hagan mejores preguntas.

Dentro de unos meses elegiremos a un presidente.

Pero desde hoy estamos decidiendo algo mucho más importante: qué tipo de liderazgo merece nuestra confianza.

Porque las democracias no fracasan porque existan candidatos populares.

Fracasan cuando los ciudadanos dejan de exigir que, además de populares, estén preparados para gobernar.

La viralidad puede ganar una conversación.

El liderazgo es el que debe conducir una nación.

ESCRITO POR:

Pedro Cruz

Ingeniero Industrial y magíster en Mercadeo Global Analista político. Emprendedor de iniciativas para el desarrollo de Guatemala

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