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Las calenturas del país

La economía nacional comienza a mostrar un recalentamiento económico.

El país ha estado gozando de una etapa de crecimiento económico persistente desde inicios de la década. Estuvo apoyado por el establecimiento de la paz, una política macroeconómica conservadora, una acumulación monopólica de bienes de consumo donde destaca el sector servicios y el establecimiento de tratados de libre comercio. Contribuyó el peculado. Desde el punto de vista económico, es una faceta en la formación del capital. Además, ocurrió el trasiego de estupefacientes. Como afirmó Marx, el capital viene al mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros. Fue fundamental el novedoso el crecimiento constante de las remesas del exterior por trabajadores emigrados. Conjuntamente, en el marco de una estabilidad relativa en los precios de los productos agrícolas de exportación.

No todo crecimiento económico implica fortaleza estructural y sostenibilidad en el tiempo.

De esa cuenta, todo estaba dado para el triunfo del botarate. Animado de la ideología del buenismo, ecología para negocios con la basura, el agua y clausura de la explotación petrolera, fue la faceta detestable del nuevo gobierno. Se acusa a AID de manipular la votación. Cuando algunos hablan de fraude, ignoran las reglas del régimen electoral en el capitalismo. Todo voto cuenta, no importa el coste o factor para provocar la motivación de cada votante. Así quedó instalado el keynesianismo.

Los funcionarios se han dedicado a calentar la economía. Los estímulos se escogen sin criterio: un subsidio a los carburantes, como si se pudiera controlar el mercado mundial. Cierto, los mercados prosperan gracias a la expansión del gasto y la disminución de impuestos. Sin embargo, el endeudamiento crece, sin destino. De esa cuenta, se pagan intereses de los préstamos con la obra pública paralizada. Además, el gobierno tiene baja capacidad de ejecución presupuestaria, al final dilapida los recursos para justificar la asignación a ministerios y otras oficinas. Las políticas expansivas no surgen de un proyecto de crecimiento industrial, del sector turismo o de la creación de agroindustria. Solo demuestra la capacidad de endeudamiento con aplauso de calificadoras representantes de los intereses del capital financiero internacional. Aunque vayas a la barranca, todo está bien.

Esa mala gestión se expresa en el recalentamiento de la economía. Se sustenta en un crecimiento basado en un cálculo perverso. Ocurre una demanda agregada por el exceso de gasto, pero la capacidad productiva no crece al mismo ritmo. Es difícil captar la mala política, pues hay un problema de percepción, pues la economía crece, como se señala en el gasto, no en una inversión productiva.

No obstante, es lícito tener diferentes lecturas del momento económico vivido. Los keynesianos piensan en la antesala de convertirse en un país fuerte. Si no brillaran por su ausencia, los neoliberales debieran señalar la distorsión institucional, provocada por la hinchazón estatal. Hay una evidente falta de análisis teórico, en parte explicable por la decadencia universitaria. Pero también por la asimilación de muchos intelectuales otrora críticos. Con ello, se ha dejado en manos de oportunistas de grupos de presión reconocidos orientar a la ciudadanía.

Todo ello anuncia la pobreza de las propuestas en la próxima campaña electoral. ¿Qué se puede esperar de un grupo de confabulados con carnaval de siglas, elevando a las gavillas de empresas formadas con el gasto público en todos los niveles? Debiera ser tiempo para escoger entre propuestas fundamentadas, base de un ejercicio democrático provechoso para la república. En su lugar, la superficialidad, discursos de cancelación y propaganda engañosa.

ESCRITO POR:

Antonio Mosquera Aguilar

Doctor en Dinámica Humana por la Universidad Mariano Gálvez. Asesor jurídico de los refugiados guatemaltecos en México durante el enfrentamiento armado. Profesor de Universidad Regional y Universidad Galileo.