Punto de encuentro

Las redes que reorganizan el poder

El ascenso de líderes autoritarios en un contexto de transformación del orden mundial de la comunicación no es casual.

Las redes sociales no solo se convirtieron en un terreno fértil para la desinformación, sino en el espacio que líderes autoritarios utilizan para moldear la agenda pública y acelerar el declive democrático global.

El ascenso de líderes autoritarios en un contexto de transformación del orden mundial de la comunicación no es casual.

Esta es una de las reflexiones centrales que el profesor e investigador argentino Martín Becerra planteó en una conferencia dirigida a periodistas centroamericanos que participamos en un ciclo de actualización sobre democracia y autoritarismos en la región.

“La conversación pública atraviesa una mutación profunda. No es solo que millones de personas se informen hoy desde redes sociodigitales: es que el modelo económico, tecnológico y político que sostiene estas plataformas está reorganizando el poder, la deliberación y, en última instancia, el funcionamiento mismo de las democracias”, alertó.

Para Becerra, una de las principales transformaciones tiene que ver con la ruptura entre la producción y la distribución de la información. Antes, los medios de comunicación controlaban ambos procesos. Aunque siempre hubo asimetrías, ahora son exponenciales: empresas como Meta, Google, Amazon o X (antes Twitter) definen lo que cada persona ve, en qué orden y con qué frecuencia.

“Las redes personalizan la dieta informativa de cada usuario en función de datos personales, historial de uso y patrones de comportamiento. Esto refuerza sesgos, radicaliza, baja la visibilidad de voces incómodas y acelera la viralidad de contenidos falsos o manipulados”, explicó.

Así, la libertad de expresión se ve limitada por una “censura privada algorítimica” a partir de decisiones unilaterales de las plataformas digitales que pueden reducir el alcance de publicaciones e informaciones, ocultarlas, eliminar cuentas de usuarios —incluidas las de medios de comunicación— o moderar contenidos sin que priven criterios de transparencia o haya procesos de apelación.

El poder de las big tech —grandes empresas tecnológicas digitales— es tal que la desinformación —un fenómeno que no es novedoso— está siendo “algorítmicamente amplificada” y gran cantidad de contenidos manipulados se distribuyen según el comportamiento, los datos y la vulnerabilidad de cada usuario.

Martín Becerra lo señaló con enorme claridad: “La democracia ya no se disputa sólo en instituciones, urnas o cortes. Hoy se disputa en la arquitectura digital que define lo que vemos, lo que creemos, lo que compartimos y lo que ignoramos. El gran desafío es comprender que las plataformas no son meros intermediarios, sino actores políticos con poder global, capaces de moldear el debate público e influir en procesos electorales, percepciones sociales y decisiones gubernamentales”.

Por eso no es casual el ascenso de líderes autoritarios y de ultraderecha en un contexto de transformación del orden global de la comunicación y la información que debilita las democracias y favorece la erosión del Estado de derecho. Ambos van de la mano.

Lo explica el historiador español Julián Casanova en una entrevista publicada el pasado domingo en el diario El País: “Hoy es el mayor peligro, también con la inteligencia artificial y la era digital. Goebbels necesitaba que Alemania ocupara países para introducir la propaganda. En la era digital, Elon Musk necesita tres minutos para cambiar el algoritmo mundial”.

El peligro es de tal magnitud que al respecto se han pronunciado líderes mundiales que abogan por frenar el inmenso poder de lo que muchos catalogan ya como “tecnoligarcas”. Ahí tienen ustedes la encíclica Magnífica humanidad del papa León XIV, en la que llama a “desarmar” la inteligencia artificial y advierte el paralelismo entre la tragedia histórica de la esclavitud y las amenazas emergentes de las “nuevas esclavitudes digitales”.

ESCRITO POR:

Marielos Monzón

Periodista y comunicadora social. Conductora de radio y televisión. Coordinadora general de los Ciclos de Actualización para Periodistas (CAP). Fundadora de la Red Centroamericana de Periodistas e integrante del colectivo No Nos Callarán.