Civitas
Legislar para el país o para los votos futuros
Los diputados tienen la responsabilidad de legislar para el país, no para hacer más fácil su próxima campaña.
Se viene una temporada alta para el Congreso de la República. Desde que inició el segundo periodo legislativo del 2026, los diputados tienen más incentivos para aprobar leyes que suenan bien hoy, pero que luego alguien más tendrá que pagar mañana. ¿Por qué? Veamos el contexto entero. Faltan once meses para las elecciones generales de 2027, y mientras más cerca estemos de ellas, más cambian los incentivos políticos de quienes quieren reelegirse o quieren un puesto público.
Los diputados saben que hay iniciativas que rápido pueden producir aplausos públicos. Por ejemplo, un subsidio, alguna exoneración, una compensación, una ayuda nueva, la promesa de bajar algún precio o cierto beneficio para un grupo específico. Por eso, durante los próximos meses lo más probable será que los ciudadanos seamos testigos de cómo aumentan las iniciativas de ley que buscan conectar directamente con las necesidades o preocupaciones de los ciudadanos. Por favor, no caigamos en la trampa de creer que mágicamente el Congreso se puso las pilas y ahora sí están legislando para resolver todos los males del país o los padecimientos de los guatemaltecos.
No digo que no haya iniciativas que sean necesarias y algunas serán buenas políticas públicas. Sin embargo, habrá algunas otras que claramente tienen un componente electoral. Es decir, buscar agradar al votante de las próximas elecciones. La tarea ciudadana que tenemos entonces es aprender a distinguirlas. No hace falta convertirse en un experto legislativo, solo basta un poco de sentido común.
Si una iniciativa de ley impulsa un subsidio, un bono, una transferencia de recursos públicos o una compensación, hay que cuestionarlo. ¿Con qué dinero? ¿Por cuánto tiempo? ¿Quién lo va administrar? Porque los recursos públicos no aumentan milagrosamente a través de un decreto; se readecuan o significan una nueva carga para el Estado. Todo ese dinero viene de impuestos, de deuda o de dejar de financiar algo más.
Siempre queda la pregunta flotando, ¿se aprueba pan para hoy y hambre para mañana?
Habrá que estar alertas también si una iniciativa beneficia a un grupo especifico. ¿Por qué a ellos? Hay ciertos problemas que justifican políticas o intervenciones focalizadas; sin embargo, también existe el riesgo de que el Congreso convierta demandas de grupos organizados en privilegios que son financiados por todos.
A veces, a los legisladores les encanta crear instituciones nuevas sin prever cómo crece el Estado o si es algo realmente necesario. Por eso, cuidado si de la nada se quiere crear un nuevo ministerio, secretaría, consejo o fondo porque puede venir acompañado de algo más grande. Nuevas instituciones significan también presupuesto, plazas, salarios, contrataciones, oficinas… nuevas estructuras administrativas, quizá.
Finalmente, hay que entender que si algo temporal se vuelve permanente, puede ser síntoma de simples promesas populistas. Cuando un programa creado “por emergencia” se queda, eso se vuelve una obligación recurrente y cada compromiso permanente del Estado reduce su capacidad de tomar decisiones futuras y aumenta la presión sobre el presupuesto.
Y sí, la discusión y aprobación del presupuesto 2027 también será el gran examen de los próximos meses. Siempre queda la pregunta flotando, ¿se aprueba pan para hoy y hambre para mañana? Por eso, frente a cada nueva iniciativa estos meses, conviene ser críticos de qué se aprueba en el Congreso. Los diputados tienen la responsabilidad de legislar para el país, no para hacer más fácil su próxima campaña. El populismo legislativo tiende a ser así, anunciar el beneficio ahora y agazapar el costo luego en el presupuesto.