La buena noticia

¿Mal de ojo? Nunca es tarde: curarse para hacer Patria

En la convivencia nacional siempre será tarea pendiente la superación de ese “mal de ojo”.

No. No se trata de la creencia popular de estar “ojeado” sufriendo el efecto de algún embrujo, o de las condiciones que causan la irritación ocular o conjuntivitis: es, en cambio, “aquel mal psíquico y espiritual” definido por la Buena Noticia de mañana como “envidia” porque el otro es bueno o hace el bien: aquel dueño del campo que pagó “injustamente” a todos por igual, causando el rechazo de los “obreros de la primera hora del día”. El texto griego de Mateo 20,15 así lo define: el “oftalmós ponerós” = “ojo malo o enfermo” o sea la actitud de celos y envidia de la cual decía N. Bonaparte: “La envidia es la confesión de la propia inferioridad” (1969-1821). Y es que la injusticia del denario —si bien acordado con los obreros— hizo presente esa actitud lamentable ante el bien que el otro tiene, o “lo bueno” que el otro es. Así lo cuenta la Antigua Crónica Franciscana —al menos en versión popular— de Fray Elías de Cortona cerca del agonizante San Francisco, por quien todos preguntaban y al que todos querían, en lugar de recibir él, el hombre capaz y presentable, dicho aprecio: “¿Porqué tú y no yo?”. La finalidad de la parábola era denunciar y también evangelizar la actitud de los judíos, pueblo de la Alianza, creyentes desde el principio, pero contrarios a la apertura de Dios a los paganos, a los pecadores, a los que “no comenzaron el camino de Fe con nosotros”.

Feliz 205 cumpleaños, Guatemala, llamada a ser “la distinta”, la “siempre mejor”.


Eclesialmente, una actitud más común de lo que se cree, y causa de “competencias, rivalidades, divisiones” (Papa León XIV a los Sacerdotes, 19.06.2026) que han marcado la historia de la Iglesia, más que los motivos teológicos de todas ellas. El mismo drama puede ocurrir en familias, comunidades, sociedades y naciones: la esencia de la convivencia “patriótica” con el otro requiere mucho más que el espectáculo de las fiestas nacionales. Urge: 1) La “conversión” como capacidad de reconocer lo que se está haciendo bien, o tener el valor sin agresividad, sino con fraternidad, de ayudar a enmendar la ruta, 2) Aportar, entonces, al bien común, sin disfrazar la venganza de reclamo de justicia con infinitos argumentos legales sin la clara y siempre posible “manipulación de la Ley” (J. Balmes, 1810-1848), 3) Escuchar lo que declaraba S. Agustín de Hipona: “Nada se opone más a la caridad que la envidia. Mientras que la caridad auténtica multiplica la felicidad al alegrarse genuinamente por los logros de los demás, la envidia transforma el éxito del prójimo en un tormento personal” (Sermón 353), 4) No alegrarse del mal ajeno: la famosa “schadenfreude” señalada por la psicología alemana como “alegría perversa u oscura” que llega a decir “tus enemigos son mis amigos”, o “mi mejor noticia es saber que te ha ido mal”, etc.


En la convivencia nacional siempre será tarea pendiente la superación de ese “mal de ojo” que ya tenía Judas cuando, viendo a la pecadora ungir con bálsamo carísimo los pies de Cristo, reclamó: “¿Por qué no se dio a los pobres’” (cf. Juan 12,4-6): allí no era “el denario generosamente pagado”, sino 300 denarios “derrochados por amor y gratitud”: gesto incomprensible para un corazón egoísta y “ciego” del bien hecho por otro. Queda, pues, la tarea de “ver con mirada purificada de ideologías, con ojos de fraternidad y —sin olvidar la justicia— de misericordia a los “conciudadanos” que en estos 205 años de vida “independiente” fueron llamados a “distintas horas” por el único Señor del campo y —sin duda, lejos haber sido perfectos— ya no están. No a todos se debe el bien, pero a muchos “obreros silenciosos” sí se puede atribuir un camino en muchas cosas mejor. Feliz 205 cumpleaños, Guatemala, llamada a ser “la distinta”, la “siempre mejor” con el esfuerzo de todos tus hijos capaces de verse “con buenos ojos” como hermanos, hijos del mismo Dios y Padre.

ESCRITO POR:

Víctor Hugo Palma Paul

Doctor en Teología, en Roma. Obispo de Escuintla. Responsable de Comunicaciones de la CEG.