Nota bene

Milei se enfrenta al Leviatán

¿Qué propósito tienen los discursos disruptivos de Milei?

A primera vista, los discursos del presidente argentino, Javier Milei, ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) parecen una pataleta. Los que eligen permanecer en la sala escuchan sus palabras selectivamente, para detectar frases que luego tachan de ofensivas. Pero Milei actúa de forma racional, programática y estratégica. Aprovechó los tres discursos ante la asamblea y los tres discursos ante el Foro Económico Mundial de Davos, para cuestionar el paradigma globalista imperante y defender la libertad.

¿Existe una alternativa al paradigma globalista y estatista?

Imparte su lección magistral a reacios políticos y diplomáticos, con la misma convicción que caracterizó a Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Otros líderes retan al establishment, como Donald Trump o Viktor Orbán, pero ninguno es tan coherente en su visión económica, ni capaz de citar con aplomo a autores liberales como Frédéric Bastiat y Ludwig von Mises. Hasta su vestimenta es simbólica: esta vez portó una corbata con la silueta del padre de la economía, Adam Smith, justo en el 250 aniversario de la publicación de La riqueza de las naciones.

Son bajos los costos de proclamar su ideario. Podría usar sus 15 minutos en la palestra internacional para leer la lista de supermercado o recitar un poema, sin que ello afectara la situación de Argentina. Irónicamente, que no pase nada otorga la razón a Milei: la actual ONU es prácticamente “inútil”.

Milei reconoce que los países miembros de la ONU suscribieron un “pacto sagrado” hace 78 años, cuando firmaron la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Concuerda con el ideal: los seres humanos nacen libres e iguales, en dignidad y derechos. Es preferible resolver conflictos con negociaciones pacíficas que con armas destructivas. Sin embargo, la entidad se alejó de su misión. Amplió la lista de derechos hasta incluir seudoderechos o intereses que únicamente se pueden conceder violando el derecho básico de otros. Se generó una gigantesca burocracia, un Leviatán con múltiples tentáculos, que regula aspectos de la vida privada de las personas y transgrede la soberanía nacional.

La mentalidad dentro de la ONU es estatista, colectivista y socialista. Milei da cuatro ejemplos de intromisión: las políticas woke, la Agenda 2030, el gran encierro por la pandemia, y la regulación excesiva de la inteligencia artificial. En 2024 describió la Agenda 2030 como “un programa de gobierno supranacional de corte socialista”, aunque las metas trazadas suenen bien. Hace días, dijo que la ONU manejó la pandemia vergonzosamente, porque promovió “un encierro forzado” que destruyó empleos y arruinó la educación “de una generación entera de niños”. Milei recuerda una advertencia de Mises: “las buenas personas no piensan en controlar la vida de sus semejantes”.

¿Cómo retrotraer a la ONU a su papel legítimo? Milei sugiere ajustar futuras acciones a cuatro principios: el mandato esencial (actuar únicamente para cumplir con los objetivos originales), la subsidiariedad (ser el interventor de última instancia), la diligencia institucional (eliminar la burocracia superflua) y la simplificación y racionalización normativa (facilitar el desarrollo de las personas).

Milei nos hace soñar, aunque sea por unos minutos, que la libertad es una alternativa realista al globalismo estatista. Invita “a los hombres y mujeres libres del mundo” a volver la vista al sur. Esperamos ver despegar los indicadores de bienestar en Argentina, como una confirmación de la validez de las recomendaciones de Milei al resto del mundo, y gracias a un Estado de derecho y un mercado abierto a la creatividad, la exploración científica y el dinamismo empresarial.

ESCRITO POR:

Carroll Ríos de Rodríguez

Miembro del Consejo Directivo del Centro de Estudios Económico-Sociales (CEES). Presidente del Instituto Fe y Libertad (IFYL). Catedrática de la Universidad Francisco Marroquín (UFM).