Civitas

Mucho contenido, pocas ideas

La paradoja de hoy es que nunca había sido tan fácil producir contenido, y al mismo tiempo difícil tener una voz distinta u original.

¿Qué pasa cuando todos empiezan a escribir igual, a sonar igual, a vender igual?


La repetición del tono y cómo la inteligencia artificial (IA) transmite ideas es más que evidente en todos lados. La primera encíclica del papa León XIV aborda indirectamente esto. En ella habla de cómo la velocidad y la sencillez con la cual se puede obtener información o contenidos simplifican nuestras vidas, pero también “pueden acostumbrarnos a delegar demasiado y a buscar respuestas rápidas, debilitando el juicio personal y la creatividad”.


El Papa no está en contra de la tecnología, porque además tampoco hace un llamado a desconectarnos del mundo digital. Su preocupación es otra. Ve el peligro de lo que ocurre con la dignidad humana cuando comenzamos a delegar capacidades muy básicas que forman parte de nuestra naturaleza y de nuestra creatividad. Esta última es muy valiosa.


En los últimos meses he tenido una sensación rara… difícil de ignorar. Cada vez más contenido en redes sociales, en anuncios o ventas suena igual. No importa si es sobre un emprendimiento, noticias de actualidad o contenido de política o liderazgo. Los textos parecen tener la misma estructura, el mismo tono, las frases se repiten e incluso las mismas conclusiones.


Es facilísimo de identificar cuando algo aparece como “no es esto, es esto otro”. No es crecimiento económico, es trabajo. No es comunicación, es conexión. No es liderazgo, es empatía. No es educación, es transformación. Esa fórmula se repite tantas veces en redes sociales ahora. ¿Casualidad? Evidentemente no. Antes las personas desarrollaban una idea y construían un argumento, le encontraban voz propia y le daban estilo. Ahora parece que la mayoría se limita a pedirle a una máquina que produzca una versión amigable, dependiendo del público, de lo que quieren decir. La dependencia en la inteligencia artificial ha logrado este cambio. Parece una crisis de originalidad.

Peligro de lo que ocurre con la dignidad humana cuando comenzamos a delegar capacidades muy básicas.


La inteligencia artificial es extraordinaria para ayudarnos a organizar información, sintetizar documentos o incluso para estructurar ideas. El problema está cuando dejamos de usarla como herramienta y sustituye completamente nuestro pensamiento. Hasta se ven publicaciones en X generadas por IA en lugar de opiniones genuinas.


Y es que pensar sigue siendo una tarea humana. En política eso pesa muchísimo. Históricamente, las corrientes de pensamiento político nacieron de personas que observaban la realidad y trataban de interpretarla con diferentes lentes o perspectivas. Claro, había desacuerdos, matices, debates y, sobre todo, cierto grado de imaginación.


La política siempre ha sido terreno de imaginación. Cualquier ley, reforma o movimiento surgió de la creatividad. Por ejemplo, alguien tuvo que imaginar una república cuando la monarquía era inevitable. Otros tuvieron que imaginar la posibilidad del sufragio universal cuando votar era exclusivo para unos cuantos. Alguien tuvo y tiene que imaginar instituciones distintas. La creatividad política es la que ha generado transformaciones que empezaron como ideas poco probables.


Hoy no veo eso. Pareciera que más voces públicas solo se alimentan de los mismos modelos, prompts o fórmulas narrativas. Eso genera una uniformidad extraña. Mucho contenido, pocas ideas. Lamentablemente, cuando estas desaparecen es que vemos que la política se reduce a puros eslogan.


La paradoja de hoy es que nunca había sido tan fácil producir contenido, y al mismo tiempo difícil tener una voz distinta u original. Una propia. Quizá la advertencia de León XIV no es tanto sobre las máquinas, sino sobre nosotros mismos y cómo las usamos.

ESCRITO POR:

Christa Walters

Politóloga egresada de la Universidad Francisco Marroquín. Presidenta Ejecutiva del Movimiento Cívico Nacional, una asociación civil que promueve la consolidación de una verdadera República en Guatemala.