Imagen es percepción
Nada es casual, una nueva época se está gestando
Ovnis desclasificados, guerras y máquinas que inquietan a sus propios creadores. No son titulares sueltos, sino el parto ruidoso de otra época.
En una sola mañana, cualquier lector puede toparse con archivos oficiales sobre objetos no identificados, planes de guerra reescritos, alertas de crisis económica y máquinas que razonan mejor que muchos de nosotros. Todo llega tan rápido que no alcanzamos a digerir una noticia cuando ya la empuja la siguiente. Y en esa prisa se nos escapa lo esencial, quizá no estamos leyendo noticias, sino frente al nacimiento de una nueva época.
Mientras la población está absorta en TikTok o en la próxima serie, no advierte que entre tanto ruido podría gestarse la siguiente hambruna global.
El Pentágono publicó este mes su sexto lote de archivos desclasificados sobre fenómenos anómalos no identificados. Hay registros desde 1947; sin embargo, durante décadas la respuesta oficial fue el silencio o la burla; hoy, lo que fue secreto, son documentos del gobierno de Estados Unidos. En Londres se reescriben los War Books, los manuales para responder a una guerra, y Europa vuelve a hablar de defensa civil y de reservas de agua y alimentos en cada hogar; Suecia ya repartió a sus ciudadanos un folleto sobre qué hacer si llega la guerra. Mientras tanto, la inteligencia artificial avanza sin pausa, y Geoffrey Hinton, uno de sus padres, advierte de que sin controles podría convertirse en un riesgo para la humanidad. No lo dice un profeta callejero, sino un premio Nobel.
Es tentador imaginar un solo cerebro moviendo los hilos. No hace falta llegar tan lejos para ver guerras, tecnología y vigilancia digital que avanzan hacia el mismo punto. El orden nacido tras la Segunda Guerra Mundial ya cumplió 80 años y fue diseñado para un mundo sin inteligencia artificial, misiles hipersónicos, monedas digitales ni computación cuántica. Sus estructuras crujen mientras grandes intereses se disputan el futuro; por eso todo parece ocurrir a la vez. Y buena parte de la población, absorta en TikTok o en la próxima serie, no advierte que entre tanto ruido podría gestarse la siguiente hambruna global.
Quizá el fondo sea más profundo, no destruir el mundo, sino sustituir el sistema. Un modelo económico y político exprimido durante décadas ya no logra contener la corrupción, el narcotráfico ni el dinero ilícito que él mismo dejó crecer. Una gran crisis financiera podría ser la ruptura que acelere la transición. Identidad digital única, banca digitalizada, sociedades donde el efectivo pierda protagonismo. Se justificaría como arma contra el lavado y el crimen organizado, y en parte lo sería. Pero la misma herramienta que rastrea al narcotraficante puede rastrear al ciudadano común, y daría a los Estados y al sistema financiero un poder de supervisión sobre cada persona nunca imaginado.
La sabiduría antigua enseña que los años de abundancia pueden anunciar los de escasez, y que la prudencia consiste en guardar grano antes de la sequía. Sabemos mirar el cielo para prever si lloverá, pero no las señales de nuestra época. Esa es la tarea, ir más allá del titular, contrastar, observar quién gana poder con cada cambio y prepararnos en todos los sentidos, también el interior. No desde el pánico, que vuelve a las sociedades presa fácil de quien ofrece seguridad a cambio de libertad, sino desde la serenidad de quien sabe que hay certezas que ningún sistema puede otorgar ni arrebatar.
Las generaciones futuras le pondrán nombre a esta época; a nosotros nos toca vivirla sin conocer el desenlace. Si quienes manejan las grandes estructuras de poder permitieron durante décadas que el sistema llegara hasta aquí, estamos frente al fracaso de un orden o ante las condiciones creadas para reemplazarlo. Porque para que nazca un nuevo orden, el anterior primero tiene que dejar de funcionar. Nos corresponde aprender a leer las señales a tiempo y decidir en qué, o en quién, depositaremos nuestra confianza cuando todo lo demás comience a derrumbarse.