Nota bene
Nuestra herencia grecorromana
Inusual discurso de Marco Rubio frente al Acrópolis
El discurso que pronunció el canciller de Estados Unidos, Marco Rubio, el 7 de octubre en Atenas, con la Acrópolis como telón de fondo, explotó las redes sociales. El video de YouTube acumuló casi 500 mil vistas en dos días. Se difunde con titulares como “la conferencia de su vida”, “el discurso del año”, “próximo presidente” y más. Es refrescante escuchar una defensa coherente de los valores occidentales, en momentos en que muchos intelectuales ignoran la historia, critican nuestra herencia cultural, o abogan por la destrucción de Occidente.
Rubio empieza por señalar la deuda que tenemos el continente americano, los países europeos y Oceanía con la civilización grecorromana. Nuestros antepasados eran ávidos lectores de la historia y sentían asombro por los logros de la Antigua Grecia y el Imperio romano. Dicha cultura nos legó importantes conocimientos en el campo de la filosofía, el derecho, la virtud y la política, pero, más allá de eso, nos heredó una visión antropológica audaz: “Un anhelo por el descubrimiento, por la aventura, el riesgo y la gloria”, afirmó Rubio. Según el diplomático, Grecia moldeó a una persona individualista, pero yo diría que es más bien alguien que se hace cargo de las consecuencias de sus actos, se sacrifica por causas nobles y ejerce autodominio. Cultiva una curiosidad por comprender su entorno, y empuja con arrojo las fronteras de lo desconocido.
Tal actitud es solamente posible si albergamos “la convicción de que lo desconocido es susceptible de ser conocido”, admite Rubio. Somos seres libres y razonables, y el cosmos se ordena según leyes naturales fundamentales. El cristianismo se asentó sobre este marco teórico; el diálogo entre Atenas, Jerusalén y Roma terminó de perfilar lo que hoy conocemos como la cultura occidental.
Excelencia, competencia y riesgo: atributos del hombre occidental
Otro mensaje valioso en la alocución del canciller es que deberíamos empeñarnos en construir, no destruir. Buscar la excelencia en un clima competitivo edifica, avanza, perfecciona. En cambio, nos degradamos al acomodarnos, al pactar con la mediocridad y pretender que nadie pierda. Rubio recomienda recuperar el thumos griego (que se traduce como aliento vital, coraje, espíritu, pasión o furor), y olvidar esa sensación de vergüenza por la prosperidad y los logros alcanzados.
El propósito de Rubio es hacer una dramática advertencia. Estamos frente a una encrucijada: decadencia o revitalización. El primer camino podría significar que asuma el liderazgo otra civilización (¿oriental, rusa, musulmana, india?). Rubio invita a los políticos europeos a sumarse a la apuesta del gobierno estadounidense. Juntos, los países occidentales pueden luchar por sobresalir en la política y el mercado, y conquistar nuevas fronteras industriales, tecnológicas, energéticas y militares.
Las palabras de Rubio son relevantes al futuro de Guatemala. En los países de habla hispana también proliferan actitudes destructivas y autocríticas, que ven de menos las instituciones sociopolíticas, jurídicas y económicas aprendidas de nuestros antepasados. Predomina la desconfianza desde “la periferia” hacia “el centro”. Se denigra al empresario y al sistema de intercambio voluntario que tiene el potencial de sacarnos de pobres. Nos contagiamos con las enfermedades del globalismo y el wokeismo, y nos tragamos el cuento que ahora sí funcionará el estatismo colectivista, aquí en nuestro terruño y con nuestro peculiar diseño, aunque no funcionó en ninguna sociedad jamás.
Enseñemos a las nuevas generaciones a ser excelentes en todo, a lanzarse a las aventuras, retarse, correr riesgos, aprender y ganar.