Aleph

Nunca es tiempo

Las niñas y adolescentes tienen derecho a participar en las decisiones que afectan sus vidas.

La semana pasada tuve la oportunidad de ver a dieciséis niñas y adolescentes sentadas en el Salón del Pueblo, del Congreso de la República. Las escuché hablar sobre sus planes de vida y sus sueños, sobre sus cuerpos como algo propio, sobre educación integral en sexualidad, sobre sus derechos y la importancia de alzar sus voces para transformar su entorno. Sentí como si hubieran llegado a exorcizar y dignificar uno de los espacios más corruptos del Estado guatemalteco. Ya era tiempo.

No queremos que tengan poder sobre las personas adultas, sino poder sobre sí mismas.

Mucho se habla de poner a la niñez y adolescencia en el centro de las políticas públicas, pero seguimos siendo el país de América Latina que menos invierte en sus niñas y niños. Mucho hablan las familias de que nadie tiene derecho a educar a sus hijas e hijos, pero basta recordar que, durante el año de la pandemia, doce niñas y adolescentes quedaron embarazadas cada hora, al encerrarse con sus agresores (cifras del Osar). Por ello, ver a este grupo de niñas y adolescentes hablar con tanta solidez en un espacio de poder político generó en mí esperanza. Verlas ejercer su ciudadanía en el centro del quehacer político de un Estado no es solo una cuestión de derechos, sino la posibilidad de construir una sociedad más sana, democrática, justa y pacífica.

Gracias a la diputada Olga Villalta por promover este espacio, porque para temas como educación integral en sexualidad (EIS), derechos sexuales y reproductivos, género o violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes, nunca es el tiempo apropiado en el ámbito político. Incluso los partidos “progres” le ordenan a sus diputadas no poner esos temas en el legislativo porque “no es el momento”. Nunca lo es. A menos, claro está, que necesiten un comodín como el del aborto en tiempos de campaña electoral para mantener entretenida a la población y atacar al adversario.

Estos temas tienen, generalmente, un alto costo político porque son sensibles en sociedades conservadoras como la nuestra y mueven emociones fuertes entre algunos sectores. Si un partido o un político toman posición en un sentido u otro, pueden perder apoyo ciudadano o votos en una campaña. Por eso, aunque son temas fundamentales para toda la sociedad, prima más el cálculo racional inmediato de los políticos que los beneficios que pueden aportarle al país. Tienen miedo de perder los votos de sectores conservadores y no invierten mucho tiempo o recursos en la niñez o la adolescencia porque estas no constituyen un electorado poderoso en sus planes políticos de corto plazo. No quieren que otros se luzcan después con sombrero ajeno, porque no han entendido a quiénes se deben y el profundo sentido de futuro que debe orientar el quehacer político. Cuando hablamos de violencia sexual, la cuestión se complica aún más, porque se habla de estructuras incómodas, de relaciones de poder, de abuso e impunidad, de familiares agresores, de embarazos forzados y maternidades impuestas, de sistemas que fallan o de silencios de las víctimas obligadas a callar. Las niñas y adolescentes tienen derecho a participar en las decisiones que afectan sus vidas, especialmente cuando hablamos de relaciones de poder y de protección, derechos sexuales y reproductivos, violencia sexual o acceso a servicios. No queremos seguir hablando de ellas, sino con ellas, porque son sujetas de derechos y porque la participación es también prevención. No queremos que tengan poder sobre las personas adultas, sino poder sobre sí mismas para desnormalizar la violencia sexual en sus cuerpos, para desmontar el tabú de la violencia en sus familias, para mejorar las políticas públicas y construir una sociedad distinta. Para recordar que cuando nos digan que no es el tiempo para esos temas, respondamos como lo hizo Gabriela Mistral, diciendo que “la niñez es hoy”.

ESCRITO POR:

Carolina Escobar Sarti

Doctora en Sociología y Ciencias Políticas de la Universidad de Salamanca. Escritora, profesora universitaria, defensora de DDHH por la niñez, adolescencia y juventud, especialmente por las niñas