Nota bene

Ocáriz: la universidad cristiana

Debemos forjar una cultura acogedora para el trabajo productivo.

El prelado del Opus Dei, Fernando Ocáriz, dictó la conferencia “Una universidad con identidad cristiana” en la Universidad del Istmo, el 6 de agosto. Monseñor Ocáriz es un gran académico. Estudió Ciencias Físicas, Filosofía y Teología. Obtuvo su doctorado en Teología de la Universidad de Navarra en 1971, el mismo año en que se ordenó sacerdote. Dictó la cátedra de Teología Fundamental en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, y ha publicado varios libros, entre ellos A la luz del Evangelio (2020) y Cristianos en la sociedad del siglo XXI (2020).

Un ambiente donde se vive el amor a la libertad

Mientras monseñor Ocáriz exponía los distintos aspectos que caracterizan a la universidad cristiana, yo pensaba que muchos de sus consejos podrían aplicarse también a universidades seculares, escuelas, centros de investigación y hasta a empresas.

En cualquier organización, la libertad en sí misma y el amor a la libertad son vitales. Somos distintos. La mayoría de los temas fuera del dogma de fe son opinables, y existe una pluralidad de posturas. En un ambiente libre, respetamos a cada persona, y apreciamos como una experiencia enriquecedora el conocer sus puntos de vista y dialogar con ella. Un profesor o un alumno puede defender con pasión aquello de lo que está convencido, pero, estando consciente de que lo que afirma es opinable, procurará elaborar su defensa sin vulnerar la libertad ajena.

Las personas libres asumen la responsabilidad por sus posturas y sus actos. Se comprometen voluntariamente a cumplir con sus obligaciones y con las reglas institucionales. San Josemaría solía señalar que hay muchas formas de llevar a cabo nuestras tareas cotidianas, y una gran variedad de ocupaciones, las cuales se realizan mejor desde la libertad. Lo que es más: requerimos de libertad para amar a Dios para conocer la verdad y para optar por el bien.

En cualquier organización, cada persona, una por una, merece nuestro cuidado. El conjunto no puede atropellar al individuo. Toda organización debe enarbolar la primacía de la persona.

Cada persona, a su vez, debe esforzarse por hacer su trabajo a la perfección y por perfeccionarse mientras trabaja. La excelencia profesional es el medio a nuestra disposición para santificarnos en el trabajo.

Por otra parte, monseñor Ocáriz nos recordó que quienes ocupan cargos de autoridad lo hacen por un tiempo establecido y como un servicio, no como tiranos. La autoridad conlleva la responsabilidad de identificar y capacitar a los sucesores en el cargo. Un buen líder sabe escuchar, busca consensos y está dispuesto a aprender de lo que dicen sus colegas.

La justicia y la caridad son otras dos condiciones que mencionó monseñor Ocáriz. La justicia se manifiesta no solamente en el trato entre nosotros, sino también en los sueldos, en el manejo frugal del presupuesto asignado a cada despacho y en otros aspectos de la convivencia dentro de la universidad. La justicia se une con la caridad: cuando tenemos que tomar decisiones dolorosas, como el despido de un colaborador, procedemos con delicadeza y espíritu cristiano, recordando el principio de la primacía de la persona.

En una institución cristiana, debe salir a relucir la armonía que existe entre fe y razón, agregó el conferencista. Mientras la fe no necesariamente “sirve” para resolver un problema matemático o explicar un teorema económico, sí impacta sobre la actitud que asumimos frente a la enseñanza y al aprendizaje, y frente a la vida en general.

En resumen, monseñor Ocáriz describió la esencia de un ambiente de trabajo productivo y agradable, donde nos perfeccionamos como personas, forjamos amistades entrañables y creamos valor para la sociedad.

ESCRITO POR:

Carroll Ríos de Rodríguez

Miembro del Consejo Directivo del Centro de Estudios Económico-Sociales (CEES). Presidente del Instituto Fe y Libertad (IFYL). Catedrática de la Universidad Francisco Marroquín (UFM).