Reflexiones sobre el deber ser

Polarización política

La lucha extremista se vale de la desinformación, la demagogia y la propaganda del odio.

En Guatemala, tanto hoy día como en el pasado, incendiarios inescrupulosos intencionadamente han apostado y apuestan a la polarización política, es decir, a la adopción de posturas políticas e ideológicas extremas, opuestas al diálogo y a la solución pacífica de las disputas, que hostigan y atacan a quienes propugnan el diálogo, la conciliación de intereses y la negociación. Su pretensión última es generar tensión, desconfianza y conflicto entre grupos sociales, económicos y políticos, así como sembrar odio, intolerancia y desconfianza entre las gentes, con el ánimo de allanar el camino al despotismo.

Los extremistas atacan a las posturas moderadas.

La idea detrás de la polarización política es la confrontación y no la competencia por el poder en buena lid, tal como lo demandan los postulados de la democracia liberal. Por lo tanto, para los extremistas no existen los grises, sino que solo lo blanco y lo negro. En dos platos, propugnan el conflicto como esencial de lo político, defendido por el ideólogo nazi Carl Schmitt.

Los extremistas son intolerantes e intransigentes. No soportan el libre juego de opiniones, el debate leal y constructivo, la cooperación inteligente ni la responsabilidad compartida, ya que su objetivo es subvertir, avasallar y esclavizar. Explotan el temor y la impotencia de los tímidos y cobardes, en tanto que rechazan la crítica y la disidencia. Quien no se somete ni se alinea a sus designios e intereses perversos es combatido, perseguido, criminalizado o destruido.

La alternancia democrática en el ejercicio del poder no es aceptada por los extremistas, sino repudiada y denostada. Su afán inequívoco es perpetuarse en el ejercicio del poder y aplastar cualquier oposición, resistencia o disensión. No ceden ni conceden, sino que seducen, descalifican, arrebatan y aplastan. Echan mano de todo para conquistar el poder, de la diatriba, el escamoteo electoral, el golpe de fuerza, la intriga, la corrupción y el crimen.

La lucha extremista se vale de la desinformación, la demagogia y la propaganda del odio, con el propósito de permear las mentes y explotar la emocionalidad y la necesidad de pertenencia de las masas. “Miente, miente, miente que algo quedará; cuanto más grande sea una mentira, más gente la creerá”, sostenía Joseph Goebbels, propagandista nazi.

Los extremistas no buscan mostrar los ángulos débiles o inconsistentes del adversario, ni tampoco convencer sobre la bondad de sus propias propuestas, ya que sus metas y estrategias se orientan a desacreditar, destruir y liquidar a enemigos perfilados o inventados. Siguen a pie juntillas el consejo maquiavélico: “El fin justifica los medios”. Por ende, son cínicos, canallas y crueles.

Por otro lado, los extremistas no escatiman esfuerzos ni recursos en fortalecerse al máximo en coyunturas de desconcierto o desorientación ciudadana. Por supuesto, cuando acceden al poder, además de aliarse con mafias codiciosas, tanto nacionales como transnacionales, sustituyen el Estado constitucional de derecho por la férula de camarillas opresoras, esencialmente corruptas, que recurren al abuso de poder, a la opresión, al clientelismo, así como a la sistemática violación de los derechos fundamentales.

En todo caso, los extremistas atacan a las posturas moderadas o conciliatorias, que, generalmente, promueven acciones propositivas y constructivas, porque estas, en la mente de los oportunistas y charlatanes, obstaculizan la ejecución de sus perversas estrategias y dificultan su brutal ascenso al ejercicio del poder público, a través de la explotación de la insatisfacción social, la ruptura y la apuesta al caos.

ESCRITO POR:

Mario Fuentes Destarac

Abogado constitucionalista