CON OTRA MIRADA

Presencia de los seres queridos

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Según la teoría de mi padre, nuestros seres queridos no mueren en tanto haya alguien que les recuerde. Para eso, en el seno familiar nunca dejó de recordar con cariño a su abuela y su madre, con quienes se crió. De su padre rememoraba la figura transmitida por las matronas, pues murió siendo niño. Lo mismo hacía con aquellas personas y amigos que habían sido importantes en su vida y habían incidido en su formación, ejecutoria deportiva y trabajo.

Siendo heredero de esa manera de apreciar, no me resulta novedoso el vínculo con aquellos que han ejercido importante influjo en mi educación y capacitación, sea en las aulas, oficinas profesionales e institucionales en las que trabajé, como en los centros de especialización. Vínculos que van desde el respeto por la autoridad que da el conocimiento superior, a la manera de compartir el conocimiento y la transmisión de experiencias que ilustran el funcionamiento del mundo real, hasta la generación de amistad que llega a incursionar en el ámbito personal y familiar. Los ejemplos abundan.

Junto a la transmisión del conocimiento están los apuntes, la reproducción de publicaciones que se obtenían ante la imposibilidad de adquirir un libro, fuera porque no existía en el mercado local, porque se trataba de ediciones agotadas o por falta de dinero para adquirirlo. En el ámbito de la arquitectura, para quienes la estudiamos hasta el inicio de 1970, fueron libros icónicos: Historia de la Arquitectura por el método comparativo, de Banister Fletcher; Saber ver la Arquitectura, de Bruno Zevi, y Espacio Tiempo y Arquitectura, de Sigfrido Giedion.

Libros que no podían faltar en la biblioteca de los fundadores y catedráticos de la primera Facultad de Arquitectura de Centro América, creada por la Universidad de San Carlos de Guatemala, en 1958, como tampoco en los estantes de las libreras de los primeros estudiantes que se iniciaron en el Departamento de Arquitectura, de la Facultad de Ingeniería, en tanto tomaba forma la nueva unidad académica. Uno de esos estudiantes fue Arturo Molina Muñoz.

' Cobra así vigencia la teoría de mi padre: En tanto alguien te recuerde, no morirás.

José María Magaña

Cuando inicié estudios, Arturo era catedrático. Llegamos a establecer relación personal, luego laboral, para desembocar en una gran amistad, junto a su esposa Yolanda Burbano Vásquez e hijos. Más adelante supe que era autor del Emblema de la Arquitectura en Guatemala, tema que me interesó conocer a fondo. Tuve acceso a sus fichas de registro, por lo que propuse ampliar la investigación. Llegó a reconocer en el Códice de Madrid el elemento que dio lugar a su diseño.

Durante ese proceso y estando por celebrarse el 50 aniversario de creación de la Facultad —septiembre 2008—, decidí preparar un ensayo sobre el tema, en homenaje a su trabajo, publicado con el aval del decano Carlos Valladares.
En uno de nuestros encuentros me preguntó si tenía el libro Espacio Tiempo y Arquitectura. Ante mi negativa, me dijo: “Aquí lo tengo, es tuyo; solo dejá que lo termine, pues lo estoy leyendo de nuevo…” Al poco tiempo falleció (13 Oct. 1923—31 Jul. 2009). La semana pasada pasé a visitar a Yolanda. Platicando de hechos recientes que la han afectado, tratamos sobre el acerbo de planos de Arturo, así como de su amplia y rica biblioteca.

Saqué a colación aquella conversación. Me invitó a pasar al estudio, aún intacto, de mi amigo para buscar el libro. Luego de un rápido escaneo intuitivo-visual en el entorno inmediato desde su silla, al alcance de su mano, encontré aquel tesoro que ahora disfruto, junto a sus subrayados. Cobra así vigencia la teoría de mi padre: en tanto alguien te recuerde, no morirás.

ESCRITO POR:

José María Magaña

Arquitecto -USAC- / Conservador de Arquitectura -ICCROM-. Residente restauración Catedral Metropolitana y segundo Conservador de La Antigua Guatemala. Cofundador de la figura legal del Centro Histórico de Guatemala.