A contraluz

Retroceso educativo

Guatemala ocupa uno de los últimos lugares en materia educativa en América Latina.

El informe Pisa 2025 revela la cruda realidad educativa de Guatemala: en lugar de avanzar, vamos en retroceso. Este estudio muestra que los estudiantes de secundaria tienen un pésimo desempeño en Lectura, Ciencias y Matemáticas, aún peor que el obtenido en el 2022. Pero el impacto es mucho mayor porque el país tiene los más bajos resultados de América Latina.


El Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos (Pisa, en inglés) deja ver que en el 2025 los estudiantes guatemaltecos de 15 años obtuvieron 337 puntos en Lectura, 351 en Ciencias y 334 en Matemática. Si se compara con los resultados de 2022, significó una caída de 37 puntos en Lectura, 22 en Ciencias y 10 en Matemáticas. La cifra que más más preocupa es la de Lectura porque perder 37 puntos significa el deterioro de una herramienta fundamental en el desarrollo cognitivo, emocional y crítico. Esa situación trasciende el rendimiento académico porque es la base de todo aprendizaje.


A la hora de buscar justificaciones, lo primero que se escucha en las declaraciones oficiales es señalar a la pandemia por el cierre de los establecimientos educativos y la enseñanza virtual. Sin embargo, esa es una explicación muy cómoda porque no toma en cuenta las debilidades históricas de la educación nacional. Eso nos lleva a mirar de frente la insuficiente inversión educativa, la deficiencia en la formación docente, las interrupciones del ciclo escolar, las desigualdades entre el estudiantado, los problemas de infraestructura y un currículo que todavía está anclado en lo memorístico.

Los pésimos resultados están relacionados con la baja inversión educativa en el país.


El gasto público en educación se ubica históricamente entre el 3.1% y el 3.2% del PIB, lo cual no es suficiente porque la mayor parte se destina a gastos de funcionamiento e incrementos salariales, mientras que el porcentaje para inversión directa en infraestructura escolar no supera el 1% y 2% de su ejecución. Además, ese rubro está por debajo de la recomendación de organismos internacionales, como la Unesco, que sugieren un piso de 7% del PIB. En comparación, Costa Rica gasta 6.8% del PIB a educación y por eso sus resultados son obvios: en América Latina ese país se ubica en el tercer puesto en Lectura y Ciencia, y en el cuarto en Matemática.


Pero hay otro factor a tomar en cuenta: el alto consumo de contenidos digitales de los adolescentes hoy día. El problema no es la tecnología, porque un teléfono, una tableta o una computadora son herramientas extraordinarias para aprender. El inconveniente es cuando esos dispositivos se convierten en mecanismos de captura permanente de la atención. TikTok, YouTube, Instagram, Facebook y videojuegos, entre otros, están diseñados para que el usuario permanezca conectado el mayor tiempo posible.


Leer un libro exige paciencia y concentración. Resolver un problema matemático o comprender un texto científico requiere perseverancia. En cambio, deslizar el dedo en una pantalla ofrece una recompensa inmediata. Sartori señala que la cultura de la imagen ha desplazado al homo sapiens y lo ha convertido en un homo videns, a quien le ha atrofiado la habilidad de la abstracción y el entendimiento. Los jóvenes han perdido la capacidad de leer y eso ha empobrecido la facultad de comprender el mundo.


Las soluciones no son sencillas. Es importante analizar los procesos pedagógicos de países como Suecia, que fue pionero en digitalizar las aulas, pero ahora lidera el movimiento de regreso al papel y el lápiz. Además, el Estado debe revertir el deterioro educativo con un mayor porcentaje de gasto, invertir en la formación docente, así como limitar el uso de pantallas y reforzar los materiales físicos en el aula.

ESCRITO POR:

Haroldo Shetemul

Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Pontificia de Salamanca, España. Profesor universitario. Escritor. Periodista desde hace más de cuatro décadas.