Conciencia

Salvar la educación

Nuestro país enfrenta el doble reto de ofrecer educación para todos y lograr que aprendan.

Los resultados de Guatemala en el Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA) son aterradores. Difícilmente podrá prosperar el país con jóvenes que muestran niveles tan bajos de comprensión lectora y matemática.

Debemos actuar ahora, el futuro de los jóvenes y de Guatemala está en juego.

Guatemala se atrevió a participar en PISA y eso debe reconocerse. La participación es voluntaria y supone estar dispuesto a conocer la realidad, pero ahora toca con coraje enfrentar el desafío del aprendizaje en las aulas. PISA evalúa cómo los jóvenes de 15 años utilizan lo aprendido para comprender un texto, razonar con números y aplicar conocimientos científicos en la vida diaria.

Sorprende que en 2025 los resultados hayan caído en buena parte del mundo. Lo más fácil es culpar al COVID-19 y al cierre de las escuelas. Pero no se vale como única explicación cuando Singapur y algunas regiones de China mantienen buenos resultados. También cambiaron los hábitos de los jóvenes. Preocupan la falta de atención, las horas frente a las pantallas, la adicción a las redes sociales y el uso de la inteligencia artificial para obtener respuestas sin pensar. Así no se desarrolla pensamiento crítico, indispensable para verificar la información, tomar decisiones propias y evitar la manipulación.

En Guatemala el retroceso fue severo. Los datos son contundentes. Entre 2022 y 2025 disminuyó el desempeño en lectura, ciencias y matemática. La mayor caída ocurrió en lectura. De cada 100 estudiantes evaluados, 92 no alcanzaron el nivel mínimo establecido por PISA en matemática, 83 en lectura y 79 en ciencias. Y hay que tomar en cuenta que PISA evaluó a estudiantes que representaban apenas al 55 % de la población guatemalteca de 15 años.

No se llegó a esta situación de un día para otro. Los niños avanzan por la primaria sin aprender lo indispensable. La mayoría de los jóvenes debería cursar los básicos, pero no todos tienen esa oportunidad. Y no es por falta de recursos; en 2006, el presupuesto del Ministerio de Educación rondaba Q4,920 millones y en 2026 está cerca de Q26,940 millones. En 20 años prácticamente se multiplicó por seis. Buena parte del aumento se ha destinado a salarios, bonos y servicios de apoyo, como la alimentación escolar. Pueden ser gastos necesarios, pero no sustituyen acciones estratégicas para mejorar los aprendizajes ni para ampliar la cobertura. También se han invertido millones en formación docente sin evidencia de mejores resultados en los alumnos. Los recursos aumentaron y el aprendizaje no. Un desperdicio.

Hay que actuar de inmediato. Primero se debe evaluar y conocer qué sabe cada estudiante. Con esa información, cada aula y cada escuela deben preparar un plan puntual para recuperar lectura y matemática, con metas, responsables y plazos. No todos presentan los mismos rezagos ni requieren la misma intervención. Los avances deben medirse durante el año y los resultados hacerse públicos. Sin información precisa, se continuará gastando a ciegas.

También debe cambiar la manera de seleccionar, formar y evaluar a los docentes. El mérito tiene que ser el centro del sistema. Los incentivos deben relacionarse con la asistencia, el desempeño y, sobre todo, con el aprendizaje de sus alumnos. Definitivamente, los pactos colectivos no pueden seguir definiendo las políticas educativas ni el destino de los recursos.

Salvar la educación exige la participación de establecimientos oficiales, privados, municipales y por cooperativa, así como de las universidades, los padres de familia y el sector productivo. El estudiante también debe poner de su parte. Aprender exige esfuerzo y ninguna tecnología puede sustituirlo.

Quienes dirigen la educación deben responder por estos resultados y actuar antes de que más jóvenes pierdan la oportunidad de aprender y alcanzar sus sueños.

ESCRITO POR:

María del Carmen Aceña

Ingeniera en Sistemas, con maestría en Administración de Empresas de INCAE. Vicepresidente del Centro de Investigaciones Económicas (Cien). Exministra de Educación. Amante de la vida y de Guatemala