Meta humanos
Ser parte de la solución a la contaminación
A veces pensamos que nuestros actos son demasiado pequeños para hacer una diferencia.
Participar en la limpieza del río Las Vacas fue una experiencia que me marcó más de lo que esperaba. Debo admitir que, cuando vi la convocatoria, dudé mucho en asistir. Entre las ocupaciones diarias y la comodidad de la rutina, siempre es fácil pensar que alguien más lo hará. Hoy entiendo que esa misma forma de pensar es parte del problema.
Ese día ayudé a limpiar un río, pero lo más importante fue entender que también tenía que limpiar mi indiferencia.
Al llegar, me encontré con una realidad difícil de procesar. Ver toneladas de basura acumuladas en el río, observar cómo esta atraviesa comunidades enteras y conocer el impacto que genera en el ambiente y en la vida de miles de personas fue profundamente confrontador. El río Las Vacas transporta una enorme cantidad de desechos que terminan contaminando otros cuerpos de agua y eventualmente llegan al mar Caribe. Sin embargo, lo que más me impactó no fue la basura, sino las personas. Ver las condiciones en las que viven muchos guatemaltecos me obligó a cuestionar mis privilegios y a reconocer la distancia que existe entre las realidades en que convivimos dentro de un mismo país.
Mientras recogía desechos, entendí algo incómodo: yo también formo parte de esta historia. Aunque nunca haya tirado basura en ese río, mis hábitos de consumo, las decisiones que tomo cada día y las veces que he permanecido indiferente me conectan con el problema. Fue un recordatorio de que la contaminación no comienza en los ríos, sino mucho antes, en nuestras casas, nuestras empresas y nuestras decisiones cotidianas.
También me sorprendió la poca cantidad de voluntarios presentes, aun cuando la convocatoria había sido extensa y se conmemoraba el Día Internacional del Medioambiente. Y aunque valoro profundamente a quienes estuvieron allí, no pude evitar pensar en todo lo que podríamos lograr si fuéramos más. Yo mismo no hubiera llegado si no hubiera sido por la invitación de la empresa de la que formo parte, Saúl E. Méndez. Se necesitan muchas más manos para limpiar, pero sobre todo muchas más personas dispuestas a involucrarse, educar, exigir cambios y modificar hábitos. Ninguna jornada de limpieza será suficiente si no atacamos las causas que generan el problema. Espero que este tipo de esfuerzos se multiplique, y por eso aplaudo a HaciencoECO, quien le abre las puertas a todo centro educativo, empresa u organización interesada en ser parte de la solución a la contaminación.
De mi experiencia en Chinautla, lo que realmente me llevé fue una mezcla de tristeza, responsabilidad y esperanza. Tristeza, al comprender la magnitud del problema y al pensar que, mientras leemos estas palabras, toneladas de basura siguen recorriendo nuestros ríos. Responsabilidad, al reconocer que el cambio no depende únicamente de gobiernos, sino también de cada uno de nosotros. Y esperanza, porque, aunque éramos pocos, cada persona presente decidió entregarse a la acción.
A veces pensamos que nuestros actos son demasiado pequeños para hacer una diferencia. Yo también lo pensé. Pero después de estar ahí entendí que el verdadero problema no es la falta de soluciones, sino la falta de participación. Guatemala necesita más que voluntarios para limpiar un río; necesita ciudadanos dispuestos a involucrarse, cuestionarse y actuar. Porque el día que entendamos que este problema nos pertenece a todos, también entenderemos que la solución está en nuestras manos. El cambio comienza cuando dejamos de preguntarnos quién debería hacerlo y decidimos ser nosotros quienes demos el primer paso.