Fundamentos
Un mismo barco, pero dos tripulaciones distintas
Haitianos y dominicanos han creado dos realidades muy diferentes entre sí.
Supongamos por un momento que somos parte de un viaje en barco. Sucede que una mitad está ocupada por personas que se han organizado para hacer de la travesía la mejor de las experiencias. Han respetado la diferencia entre lugares privados y áreas públicas. Se han asegurado que los pasillos, elevadores y escaleras estén visibles, limpios y con rampas de acceso. También han procurado que los alimentos estén cuidados y se sirvan en tiempo. Ni qué decir de la seguridad. Todos respetan reglas, horarios y autoridad. Lo malo del caso es que la otra mitad del barco está totalmente desorganizada. Allí reinan la violencia, el caos y los actos delictivos. Se impone la voluntad del más fuerte y todas las áreas públicas han quedado bajo control de unos pocos, y las áreas privadas se han vuelto “públicas” a la fuerza, pues son invadidas constantemente.
Esto parecería ser salido de un cuento fantástico, si no fuera porque es una dramática realidad en pleno mar Caribe. La isla de La Española —como se conocía en tiempos pasados— se asemeja a una embarcación en pleno océano. Abocados a viajar en una misma extensión de tierra rodeada de agua, haitianos y dominicanos han creado dos realidades muy diferentes entre sí. Ambos países han tenido historias complejas. Dictaduras feroces, luchas políticas internas, procesos de migración muy pronunciados, complejidades producto de su estructura social. Pero las decisiones que unos y otros han tomado en los últimos años los han distanciado completamente.
¿Qué han hecho los dominicanos para ser hoy una referencia en la región? Han tenido una institucionalidad partidaria que ha respetado los procesos democráticos. Élites sociales y políticas que han acordado cuáles son los temas sobre los que basan su modelo de desarrollo y a que, a pesar de las diferencias, no desarman o reinventan el país cada cuatro años. Una decisión de invertir en infraestructura como el factor habilitante de ese desarrollo. Un clima de certeza jurídica para la propiedad. Una apuesta clara por sectores como el turismo, que les ha ayudado a movilizar tanto inversión interna como capitales externos. Una estrategia para aprovechar la migración y las remesas como una herramienta de incidencia con sus principales socios comerciales.
¿Cómo llega una misma isla a crear dos realidades tan diferentes?
En el otro lado de la isla está un Haití destrozado. Con liderazgos políticos voraces y cortoplacistas, con un proceso desordenado de utilización de sus recursos naturales, con los barones de la droga y de las armas tomando el control de los territorios, este país está literalmente abandonando a su suerte. Una suerte de “gobierno” dirige desde otra isla, la cooperación se ha reducido casi a la nada y los pocos capitales se refugian en otros países.
¿Cómo llega una misma isla a crear dos realidades tan diferentes? Tomando la analogía de la embarcación: ¿cómo es posible que dos sociedades que comparten una misma realidad geográfica viajen de espaldas una con la otra? Todo es producto de decisiones, porque los puntos de partida no han sido fáciles en ambos casos.
Por ello, se impone tomar la referencia de esta isla para hacerse uno la pregunta: ¿Qué de los ejemplos de uno y otro países estamos tomando y que pueden tener implicaciones para nuestro futuro? Aunque no estamos en una isla ni tampoco seamos una embarcación, ¿cómo hacemos para que todos los que vivimos en un mismo espacio compartamos posibilidades y oportunidades que nos acerquen a una sociedad integrada y no fallida? En los párrafos precedentes están las respuestas. Todo es que tomemos las decisiones correctas.