Lo que hemos vivido en Nicaragua es algo superior a lo que tradicionalmente denunciamos como corrupción, es hipercorrupción. Los funcionarios se han enriquecido a costa del pueblo y han realizado cambios legales para hacer corrupción sistémica y permanecer en el poder. Han pretendido apropiarse del país como si fuera una finca, me comentaba recientemente un amigo.

El ascenso político y económico de Arnoldo Alemán está fuertemente ligado con la corrupción. Cuando Alemán fue concejal de Managua en 1987, declaró un patrimonio de US$26,000. Luego de ser alcalde y presidente, ex directivos de su partido han denunciado que su patrimonio actual es de por lo menos US$250 millones. ¡Espectacular! En una década multiplicó su capital en seis mil por ciento, en uno de los países más pobres de la región.

Aparte de las denuncias de corrupción de Alemán que consisten en comprar propiedades en zonas donde él sabía de antemano que se harían inversiones estatales en las mismas, usar programas de gobierno para realizar mejoras en sus propiedades entre ellas un helipuerto-, crear una fundación privada que servía para extraer dinero del Gobierno, gastar más de US$1.8 millones con la tarjeta de crédito de la presidencia para pagar los gastos de su boda, las joyas de la primera dama, viajes de placer y la ropita de su niña; los nicaragüenses fueron víctimas de una componenda política.

Los miembros del partido de Daniel Ortega (Frente Sandinista de Liberación Nacional -FSLN-) y del partido de Alemán (Partido Liberal Constitucionalista -PLC-) realizaron cambios legales para repartirse los altos cargos en las distintas instituciones y poderes del Estado.

Alemán logró que al abandonar la Presidencia de la República se le asignara de manera automática un escaño en el Congreso, con lo que tenía garantizada su inmunidad. Además, se repartieron los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y del Tribunal Supremo Electoral.

Expresiones y acciones de los nicaragüenses y la campaña anticorrupción impulsada por el presidente Enrique Bolaños señalan que el caso de Alemán no quedará impune. Como dice el dicho, a todo coche le llega su sábado. El pueblo nicaragüense ha despertado.

A principios de año, cuatro ciudadanos -llamados por la prensa los mosqueteros-, iniciaron una serie de denuncias ante la Procuraduría General de la República. Luego, algunos diputados se unieron para hacer oposición. En marzo cinco miembros del Consejo de la Contraloría General comenzaron las investigaciones. En agosto una jueza acusó a Alemán y a otras personas de lavado de dinero y otros cinco delitos por US$10 millones y solicitó el desafuero de Alemán.

El 10 de septiembre se dictó auto de prisión contra los acusados, pero se excluyó del fallo a Alemán, por gozar de inmunidad. El 19 de septiembre Alemán fue destituido de la junta directiva del Congreso.

Nicaragua no es la excepción de una hipercorrupción en la región. También se ha dado en Venezuela, Argentina y Perú. ¡Los guatemaltecos debemos estar muy atentos! Lamentablemente contamos con sistemas de control muy débiles y los altos funcionarios tienen inmunidad.

Hemos notado que la mayoría de los políticos cuando llegan al poder público no rinden cuentas e inician una serie de cambios legales para perpetuarse en el poder, poniendo en peligro la democracia.

Es importante ponerle límites al poder del gobierno, con el fin de que sus funcionarios no lo usen contra los intereses de los ciudadanos. El fortalecimiento de los órganos de control y la rendición de cuentas no pretende quitar el poder, sino prevenir los abusos, al sujetar a los funcionarios a ciertos procedimientos y reglas de conducta, entre las que podemos mencionar no robar, no mentir y no abusar.

ESCRITO POR:

María del Carmen Aceña

Ingeniera en Sistemas, con maestría en Administración de Empresas de INCAE. Vicepresidente del Centro de Investigaciones Económicas (Cien). Exministra de Educación. Amante de la vida y de Guatemala