A CONTRALUZNavidad con Max Steel y Barbie

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SEÑORA, SEÑOR, en esta Navidad los invito a pensar que estamos construyendo un mundo lo más violento posible y que tengamos conciencia de cómo lo hacemos. Y si usted cree que no hay problema en fomentar la violencia, entonces, hágalo bien: cuando vaya de compras, adquiera los juguetes más destructivos para los niños, y los más superficiales para las niñas. Recuerde, lo mejor será comprar lo que está de moda, no importa si es edificante o no. Hemos logrado crear una Guatemala donde la violencia nos asfixia a tal nivel que no sabemos si hoy o un día de estos podemos ser víctimas de la delincuencia que ha democratizado la violencia. Y esta Navidad es un buen momento para decidir si queremos contribuir a exacerbarla o no.

POR ELLO, SI USTED insiste por ese camino, entonces ponga su granito de arena para hacer más violenta esta Guatemala nuestra a la hora de seleccionar los juguetes para sus seres queridos o sus amigos. Y aquí le doy algunas recomendaciones. Si de estar en la onda se trata, bien puede comprar para Nintendo GameCube, entre otros videojuegos, Wrestlemania o Star Fox donde el despedazamiento del enemigo está a la orden del día. Si sus preferencias son hacia PlayStation II, entonces está Resident Evil o la zaga de James Bond como posibilidades. En ellos, los niños podrán disfrutar de las formas más sanguinarias de derrotar a sus oponentes y, por supuesto, ir creándose una excelente mentalidad violenta.

SI SU BOLSILLO no da para tanto, puede optar por la serie de Tomb Raider para computadora, que hasta en discos pirata los puede encontrar. Esta es una joven desalmada con amplia experiencia para manipular granadas, bombas de alto poder destructivo, ametralladoras y cuchillos de todo tipo. Pero si prefiere los juguetes físicos, ahí le espera en los estantes Max Steel que, con la mayor variedad de armas, está preparado para cortar en trocitos o acribillar a quien se le ponga enfrente. Ellos son sólo algunas opciones para lograr que sus hijos crezcan con un espíritu destructivo. Quizá usted no se percate del peligro de moldear la mentalidad de nuestros niños con violencia, o piense que estoy exagerando. Ahí está la mano invisible del mercado que le pone a usted a su disposición las formas más abyectas del ser humano y hacer que las compre, las consecuencias no importan.

PERO LOS FABRICANTES de juguetes no se olvidan de las niñas. Si a los patojos los inducen a la violencia, a las mujeres les continúan formando la mentalidad de chicas plásticas, el consabido destino de las tareas de la casa o únicamente como reproductoras de la especie. Puede adquirir las Barbies en cualquiera de sus presentaciones porque al final sirven para lo mismo. Estas muñecas representan el ideal de la mujer vacía que sólo piensa en el espejo, el maquillaje y tener una figura anoréxica. Pero si usted es más tradicional, ahí están los juegos de té, de cocina, lavadoras, lavatrastos, licuadoras, poporoperas y un etcétera para lograr que su hija crezca con mentalidad de sirvienta. Por supuesto, si la idea es moldearla para que entienda que la mujer sólo sirve para reproducir la especie, puede comprarle todo tipo de bebés que lloran, se orinan, hablan y se duermen. ¿Qué dulces, no cree?

A ESTAS ALTURAS quizá usted, estimado lector, piense que estoy demasiado negativo. Es probable, pero reflexione si no es verdad que estamos construyendo nuestra propia destrucción y mediocridad con esta serie de juguetes aparentemente inofensivos. Lo invito a meditar sobre la imagen de nuestro mundo que queremos proyectar en las nuevas generaciones y si en esta Navidad es conveniente reproducir esa sociedad salvaje y superficial que tenemos frente a nosotros. Los exhorto a que pensemos si tales opciones de juguetes o entretenimiento son los más edificantes y si es este el mundo que le queremos heredar a nuestros hijos.

ESCRITO POR:

Haroldo Shetemul

Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Pontificia de Salamanca, España. Profesor universitario. Escritor. Periodista desde hace más de cuatro décadas.