ContrastesDía Internacional del Niño

CONRADO ALONSO

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Dandole vueltas y mas vueltas a la enredada situación actual, nacional como internacional, me han recordado oportunamente que hoy, primer día de octubre, se celebra el Día del Niño. Quizás sea, el traerlo a la mente y a la columna, un oasis entre los desiertos y áridas cumbres de Afganistán y Pakistán. Aunque decirles que ellos son el futuro de la humanidad resulta melancólico y contradictorio.

Contradictorio no tanto porque, efectivamente, son el futuro. Sin embargo, supongo que los líderes actuales también oyeron en su momento la misma prédica, hincharon su tórax, y pensaron: el futuro es nuestro. Ese futuro de aquel entonces que hoy es triste realidad. Sí es contradictorio, empero, por cuanto la conjugación del futuro resulta cada vez más imperfecta y revive los malos momentos del pasado.

Ese señor Osama, que no nos ama, ni mucho menos, y a quien mejor llamó un columnista español el Ché Bin Laden, fue, indudablemente, niño. Y ya ven ustedes, carísimos lectores, los quebraderos de cabeza -sin contar en su pasivo lúgubre la lista de muertes inocentes- que está ocasionando. ¿Soñó, hace treinta y algo de años atrás, con ser la funesta figura que hoy viene siendo?

¿Y qué me dice usted de don Silvio Berlusconi, Primer Ministro, además de propietario de un famoso equipo de fútbol, y de otras insignificancias, del Calcio italiano? ¿Habrá superado los años tiernos de su infancia para llegar a decir que la civilización occidental es superior a la cultura islámica? Ni Rómulo y Remo pudieron haber mamado la pócima de tan descremada, pueril y mala, leche.

Pienso, no me queda otra, que el presente, el pasado y el futuro, no deberían ser repetidos de memoria, como una tabla de sumar. La matemática es eso, esencialmente exacta. Los tiempos de la vida personal no pueden ser reducidos a una conjugación memorística porque también son temporalmente cambiantes y frustrantes. Ayer pretendíamos incendiar el mundo, hoy nos quedamos en apagafuegos.

Todos los niños, dentro de su conjugación futurística, piensan en ser algo el día de mañana. Y aquí se les abre un abanico de variados futuros por la múltiple escala de las profesiones y oficios, casi siempre impregnados de la fatídica esperanza de tener más para ser más. ¿Les habremos enseñado suficientemente que primero, y antes que nada, hay que ser un perfecto hombre y una perfecta mujer?

Lo demás, el cuánto tenés, vendrá por añadidura. Quizás haya cocinado un batiburrillo, un plato de huevos revueltos, para el desayuno dominical de los lectores. Dejemos en claro que los niños son la esperanza del porvenir. Pero también que, si no nos batimos las yemas propias -y a veces duele mucho-, seremos culpables nosotros de borrar su esperanza y de cerrarles un correcto futuro.

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