COTIDIANIDADUn viejo 15 de septiembre

ALVARO POP

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El dia 14 de septiembre amaneció gris en una pequeña aldea q’eqchi’ del norte del país y el pequeño Juan (el estudiante anónimo que no les quita el sueño a las autoridades educativas y sabe poco o nada de la reforma educativa discutida a su alrededor) se preparó para ir junto con sus compañeros de escuela a la cabecera departamental a traer la antorcha, con motivo de las fiestas patrias.

La familia no llegaba a comprenderlo, sólo entendía que era algo importante en la escuela y el maestro así se lo dijo al niño para explicárselo a sus padres: ?Fue hace muchos años, cuando nos independizamos de España?.

Incluso tuvo dificultades para traducir y explicar la palabra independencia, pero los padres lo vieron como significativo, y aunque a la madre le regresaron las mismas dudas de cuando escuchó hablar de la patria al recordar los argumentos militares cuando su esposo se vio forzado a integrarse a las PAC o las explicaciones incomprensibles del comisionado militar cuando a su hermano lo jalaron para el servicio militar ?voluntario?.

No obstante, los padres apoyaron al niño que en su rostro marcaba la ilusión de compartir con sus compañeros la aventura de correr con una antorcha bajo la lluvia.

Esta situación se repite todos los meses de septiembre en muchos hogares guatemaltecos y en comunidades rurales del país. Y así pasa cada año la conmemoración del 15 de septiembre, con sus desfiles, marchas, puentes y carreras cívicas para celebrar la independencia patria, dejando a su paso muchas dudas (además de los tradicionales gastos familiares, no siempre en capacidad de enfrentar).

Pero dejaron además la satisfacción en algunos padres de familia de demostrar que en la institución educativa en donde estudian sus hijos había abolengo y distinción, por lo que con mucho gusto apoyaron y se manifestaron por un desfile tradicional con marchas militares.

Desde la vida cotidiana sigue siendo lo mismo, mujeres y hombres tenemos dificultades de entender exactamente qué pasó y qué cambio con la firma del Acta de Independencia que, de hecho, inicia con la frase ?vamos a hacer la independencia antes de que el pueblo la haga?.

No solamente tenemos poco nivel escolar, sino, además, la Escuela no tiene la capacidad de enseñarnos las historias que tiene nuestro país. Nos deja con anécdotas y cronología de presidentes en la asignatura de Estudios Sociales que poco o nada tienen que ver con la realidad que se vive en las comunidades del interior del país.

Desgraciadamente, la misma escuela no tiene la capacidad de introducirnos en la duda razonable, en la curiosidad que construye y en la insatisfacción con el conocimiento obtenido.

De tal manera que la sociedad no ha tenido la fuerza suficiente para incidir en la educación (pública y privada) e intentar responder de alguna manera inquietudes como: ¿Para qué nos independizamos? ¿Quiénes lo hicieron? ¿Qué ganó nuestra comunidad con ello? ¿Qué ganamos hoy diciendo que estamos de fiesta?

¿Qué indígenas participaron, en qué contexto y por qué? ¿Cuál fue el papel de las mujeres? ¿Tuvieron alguna participación mis antepasados en esto? ¿Qué pasaba en el resto del país en ese momento, en mi localidad especialmente? ¿En qué se beneficiaron todos los guatemaltecos y nuestra comunidad en lo particular? ¿Cómo podemos darle sentido contemporáneo a estos actos? ¿Debemos hacerlo?

Desconocemos nuestra historia como país, como región y como comunidades. Esta situación no ha permitido construir un sentimiento de nación que nazca de la conexión entre la comunidad, la región y el país. Todo se queda en una historia metropolitana, en la historia de algunos que se olvidan a propósito de la existencia de indígenas y mujeres, de la existencia de regiones culturalmente diferenciadas y de actores rurales importantes.

El sentido y el sentimiento que tiene la celebración de la fiesta centroamericana en Quetzaltenango, por ejemplo, no se conecta con lo que sucede y se siente en el resto del país. Estamos pues ante el desafío de desarrollar una educación que siembre capacidad para dudar y para investigar nuestros hechos pasados.

Una educación que permita construir una comunidad que se reconozca y se acepte en su diferencia, identifique sus sueños comunes y se otorgue oportunidades sin discriminación.

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