REGISTRO AKÁSICO
Covialeros
Los alegres camineros fueron reemplazados por los no tan felices covialeros. La Covial es la Unidad Ejecutora de Conservación Vial, entidad surgida como parte de las políticas de achicamiento del Estado. En lugar de elevar el desempeño en la realización de obras públicas, como pretendían los neoliberales, generó un campo de negocios corruptos.
La Reforma Liberal encomendó la construcción de caminos a ingenieros militares. De 1873 a 1879 se inició la formación de los primeros ingenieros y topógrafos en la Escuela Politécnica. En 1895 se contaban 11 ingenieros civiles y militares.
El atentado al presidente Estrada Cabrera, en 1908, motivó la clausura de la Escuela Politécnica y con ella el cierre de las ingenierías. En 1920 se reinicia la formación de ingenieros en la Universidad Nacional. José María Orellana asegurará el funcionamiento de la Dirección General de Caminos, fundada por su derrocado antecesor Carlos Herrera, luego de asumir la Presidencia en 1922.
Los campamentos de caminos expresaron la abnegación de los ingenieros. Estos avanzaban al ritmo de la apertura de carreteras. Si bien es cierto que se contrataba localmente, había contingentes permanentes de trabajadores, capataces e ingenieros que hacían avanzar las obras, con gran dedicación. En todo cruce de caminos solía elevarse un obelisco como recuerdo al esfuerzo y los fallecidos en esa labor. El más cercano a la capital se encontraba en San Lucas Sacatepéquez.
Los camineros finalmente desaparecieron con la fiebre de la privatización. Esa idea no era nueva, pues en 1930, el general Lázaro Chacón suprimió a la Dirección General de Caminos, para establecer el sistema de contratos de obras. No obstante, al año siguiente, se restituyó Caminos, por el general Jorge Ubico.
En 1994, Álvaro Arzú Irigoyen volvió a los contratos de obra con la Covial. En su inicio hubo cierta mejoría en la realización de trabajos, pero el mecanismo privatizador ha desarrollado efectos perversos.
Por una parte, las obras no se concluyen si no se recibe el último pago. Por otra, el cobro de sobornos sube conforme pasan los gobiernos. Comenzó en un 10% de lo contratado; hoy se denuncia que es el 30% del coste total. Los ingenieros covialeros señalan que se les deben Q230 millones, mientras el Colegio de Ingenieros denunció que esa entidad adeuda medio millón de quetzales, al no pagar derechos profesionales sobre la contratación de obras.
Los covialeros acreedores señalan que la corrupción es posible gracias a un acuerdo tácito con las autoridades del Colegio. Los directivos no protestan para tener abiertas las puertas a futuros contratos, acallan las denuncias y protestas de los agremiados para no entorpecer el negocio.
Los caminos del país se han convertido en otra área de corrupción. ¿Terminará el nuevo gobierno con esa podredumbre o nombrará un delfín para que se enriquezca?