A los Cuchumatanes

Margarita Carrera

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Del sol desfalleciente/ a la última vislumbre,/ vuestra elevada cumbre/ postrer asilo da:/ cual débil esperanza/ allí se desvanece: / ya más y más fallece,/ y ya por fin se va”.

El poema termina cuando el poeta dice: “¡oh ya dormidos montes/ la noche ya os cubrió:/ adiós, oh mis amigos,/ dormid, dormid en calma/ que las brumas en la alma,/ ¡ay, ay! las llevo yo”.

Falla, uno de los estudiosos de Juan Diéguez, afirma que el poema fue escrito por el año 1854, época en que el poeta se encontraba en el exilio. Ahora bien, el que nos da mayores pormenores acerca de cómo y dónde fue escrito el poema es Adrián Recinos, quien nos relata que cuando Diéguez fue expatriado por Carrera y se dirigía rumbo a Chiapas, se detuvo por un mes en el pueblecito de Todos los Santos, “por haber desfallecido su ánimo”, y se ocultó en casa de don David Ovando, secretario municipal y maestro de escuela del lugar: “…el poeta habitó una pobre cabaña, el hogar de un maestro rural, atrás de las cumbres majestuosas de los altos Cuchumatanes, junto a una oculta senda que facilitaba la salida por entre aquellas breñas a la Cañada de Todos los Santos…”.

Luego que se encontró con mejor ánimo continuó su camino y fue a establecerse a Chiapas. Allí vivió en casa de doña Calista Robles, en donde encontró refugio amable de sus penas. Y es allí, en esa morada, en donde Recinos nos asegura que fue escrito A Los Cuchumatanes, fresco el recuerdo de la cabaña que le prestó asilo en la soledad del lejano villorrio de los Andes.

Pero la inspiración del poema se había originado en el camino a su exilio: “…si el canto tiernísimo A los Cuchumatanes se escribió en Chiapas, la idea se concibió en Todos los Santos, frente a los gigantescos picachos que un día y otro vio el poeta nostálgico bañarse en la blanca luz del alba y en la triste vislumbre del crepúsculo…”.

Esta conjetura de Recinos acerca del nacimiento del canto en Chiapas, pero inspirado en Todos los Santos, se basa en ciertas palabras del coronel don Manuel García Elgueta, quien le comunicaba a Recinos que en el año 61, cuando era todavía muy joven, estuvo hospedado en casa de doña Calista Robles, madre de un amigo suyo. Entonces se enteró que “allí había vivido también Diéguez, donde fue tan querido y admirado…y que en esa casa escribió su dulce canto de los Cuchumatanes, refiriendo a la familia sus trabajos en esos días de amargura profunda que apuró en la cabaña de las tristes soledades andinas…”.

“César Brañas nos copia en Tras las huellas de Juan Diéguez (páginas 150-151) una carta de fecha 1 de febrero de 1903, de Policronio Figueroa, residente en Zapalutha, a don Celerino Guillén, residente en Guatemala, en la cual afirma que el canto A Los Cuchumatanes fue escrito en Comitán de las Flores. En este documento se basa más tarde Flavio Guillén para refutar a Recinos”.

Como nada de lo expuesto ha sido plenamente comprobado, no podemos saber con exactitud cuándo nació el poema. Pero si no tenemos datos concretos acerca de cuándo fue elaborado, sí podemos, en cambio, dar una lista de los diferentes periódicos, revistas y libros en donde ha sido reproducido. Entre ellos: El Museo Guatemalteco, No. 30, del 22 de mayo de 1857, Págs. 6-7; Galería Poética, Págs. 142-144; El Jardín, No.1, del 21 de enero de 1887, y otros.

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