EDITORIAL

Atención a pacientes no debe escatimarse

Ningún ahorro estatal vale la pena de un ciudadano imposibilitado en su movilidad.

Los casos del síndrome de Guillain-Barré han tenido un repunte en tres departamentos de la Costa Sur hasta alcanzar los 82 confirmados —algunos ya recuperados— y otros 63 en investigación. Aún se busca determinar la causa específica de tan marcado aumento y se sospecha de la contaminación de agua o alimentos. Todavía no se tienen los resultados de las pruebas enviadas a análisis en laboratorios de Estados Unidos, las cuales serán claves en el atajo de  factores de riesgo. Sin embargo, también hay que mencionar la prevalencia de dicho padecimiento en Guatemala y en todo el mundo.

Los médicos Georges Guillain y Jean Barré describieron en 1916 los primeros síntomas cuando conocieron el caso de dos soldados que sufrieron una parálisis parcial, de la cual se recuperaron. De allí el nombre del padecimiento. Ya desde 1859 existían reportes de cuadros de similares características  de afección en extremidades.  La incidencia  de guillain-barré es de  uno a dos casos por cada cien mil habitantes por año. Es ligeramente mayor en la adolescencia tardía y la adultez temprana, así como ligeramente mayor en hombres que en mujeres.  No obstante, su causa exacta aún se desconoce.

En las investigaciones epidemiológicas del Ministerio de Salud se descartó la correlación entre el síndrome con padecimientos como  zika, covid o influenza. Si bien en otras latitudes se han hallado algunos nexos, en el caso guatemalteco muchos pacientes no padecieron tales enfermedades. También se ha vinculado con infecciones que detonan una respuesta inmunitaria que a su vez impacta en el tejido nervioso, lo cual conduce a la parálisis, que suele ser temporal, aunque también  algunos pacientes han sufrido  daño permanente e incluso han fallecido.

El tratamiento más recomendado es la inmunoglobulina, medicamento de alto costo que puede elevar el costo de la atención a un paciente hasta  aproximadamente Q187 mil. Además, existe limitada disponibilidad en los hospitales guatemaltecos, lo cual ha llevado a aplicar un tratamiento alterno, denominado plasmaféresis, que costaría alrededor de Q20 mil. Las autoridades del Ministerio de Salud y del Ejecutivo tienen la obligación ética de decantarse por el mejor tratamiento posible, puesto que de ello depende la recuperación total de los pacientes o enfrentar   secuelas. La vía de las donaciones es otro recurso  que debe explorarse con celeridad, a fin de velar por la mejor recuperación de las personas. Los testimonios de afectados son conmovedores,   al relatar que prácticamente deben  volver a aprender a caminar. Ningún ahorro estatal vale la pena de un ciudadano imposibilitado en su movilidad. 

Si bien el brote comenzó en el pasado período de gobierno,  desde hace un mes y medio entró una administración sobre la cual todavía hay esperanza. El reto de fondo es que no hay suficientes insumos de diagnóstico y tratamiento en hospitales de la provincia, a donde llegan los casos en fase temprana, muchos de los cuales son referidos a los hospitales Roosevelt y San Juan, los cuales ya de por sí tienen una alta afluencia de pacientes.

Se comprende  que existen protocolos de pesquisa epidemiológica y que toma tiempo evaluar la causa de tan marcada alza de casos  de guillain-barré. Sin embargo,  para la vida del ciudadano de a pie, súbitamente sacudida por esa afección, la angustia y el temor de no volver a caminar abarcan cada minuto. La obligación del sistema de salud es  que  hacer todo lo posible no afecte el resto de su vida, porque eso no tiene precio.

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