Editorial

Debe privar la prudencia, no el pavor

Hace exactamente un mes, la Organización Mundial de la Salud (OMS) descartó la declaratoria de una alerta mundial frente a la epidemia del coronavirus gripal o covid-19, cuando aún iban 547 casos y 17 fallecidos en China y algunos países del sudeste asiático. Es muy probable que para relegar tal medida haya pesado cierta prudencia respecto del poder comercial y político de la superpotencia oriental, así como el efecto económico global, factores que se han visto impactados a causa de las cifras de pacientes y fallecidos, que a un mes de aquella primera —y quizá única— oportunidad no solo se han visto multiplicados, sino esparcidos en más países.

Si bien de los 78 mil 800 casos a escala mundial el 99 por ciento se registra en China, ya hay cerca de 800 repartidos en varios países de Asia y Europa. El brote en Italia es especialmente preocupante, debido a la alta afluencia de visitantes de todo el mundo, así como el reporte de 56 casos en EE. UU., por su proximidad con Guatemala. Tampoco se puede descartar del todo la idea de un eventual subregistro chino, país en el cual ya van dos mil fallecidos pero disminuyó la cantidad de nuevos pacientes reportados, lo cual se atribuye a una diferente forma de conteo y a que el contagio alcanzó un punto máximo. Sin embargo, cualquier medida que busque maquillar los números de afectados bajo cualquier excusa solo corre en contra de la efectividad del combate.

Así también, el secretario general de la Organización de Naciones Unidas, Antonio Gutérres, hizo un vehemente llamado a que todos los países unan esfuerzos para contener el covid-19, con la confianza de que aún sea tiempo de frenar su expansión a otros territorios.

Esto constituye una grave responsabilidad para los Estados, que no solo deben alinear sus políticas sanitarias de emergencia, sino compartir información certera y rápida sobre casos sospechosos, transporte de ciudadanos por cualquier vía o escala desde territorios afectados, además de redoblar los puntos de vigilancia aeroportuaria, portuaria y fronteriza.

El efecto de este padecimiento infeccioso sería devastador para países en vías de desarrollo, en donde ya de por sí las enfermedades respiratorias comunes y sus complicaciones constituyen una de las principales causas de muerte en niños menores de 5 años, sobre todo a causa de la debilidad inmunológica ocasionada por cuadros de desnutrición crónica y aguda.

Es una responsabilidad moral de todo viajero en tránsito internacional reportar cualquier síntoma sospechoso y no esperar a ser detectado por un monitor de temperatura, como una actitud de solidaridad para con la humanidad, pero sobre todo con sus compatriotas, por lo cual este llamado de alerta es extensivo a los guatemaltecos que se encuentren en latitudes y países donde se han reportado casos.

A raíz de las noticias sobre contagios fuera de China han surgido también infundadas cadenas de mensajes, sobre todo en redes sociales, acerca de supuestas profecías y designios fatales inevitables que bien podrían inducir a una apatía nihilista y a actitudes que no contribuyan a frenar el avance del padecimiento. La lucha de médicos, enfermeros, investigadores y autoridades continúa en los sitios más afectados, incluso algunos de ellos han fallecido en cumplimiento del deber. La mejor manera de honrarlos es asumir con serenidad y seriedad las tareas de prevención a nivel personal, comunitario y nacional.