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La casa de los idiomas

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Afirmaba el filósofo existencialista Martin Heidegger que “el lenguaje es la casa del ser”, y es un hecho que a través de la comunicación verbal, audiovisual, icónica o escrita se produce, a diario, la interacción de millones de guatemaltecos en un entorno en constante cambio —y actualmente en una agobiante crisis sanitaria—, no solo a través de medios noticiosos, sino también a través de las opiniones y sentimientos individuales volcados en redes sociales.

Es mediante un idioma que cada quien manifiesta lo que lleva en su mente, su corazón, su vida y circunstancia, así como también deja entrever aquello que le enfada, implícitamente lo que ignora o quizá también aquello juzga sin suficientes elementos de criterio o bien con el sesgo de prejuicios o ideas preconcebidas, factores cuya superación tiene impacto en nuevas actitudes y relaciones, a toda edad. Sin embargo, es en el sistema educativo donde se cultivan los saberes, los conceptos fundamentales de razonamiento y deducción, el espíritu crítico y también las actitudes empáticas.

Buena parte de ese potencial de enriquecimiento descansa en la coexistencia de 24 etnias en el territorio guatemalteco, cada una con valores, cosmovisión y manifestaciones artísticas valiosas en sí mismas. Ciertamente, en el siglo XX hubo programas intensos de castellanización para poblaciones indígenas como una política unidireccional de desarrollo, pero también comenzó a descubrirse, aproximadamente desde la década de 1960, la necesidad de conservar, estimular y ampliar las potencialidades de la educación en el idioma materno de las comunidades, precisamente para no perder esa riqueza. Es decir, en lugar de pretender una uniformidad utópica, debía aprovecharse la riqueza multilingüe y pluriétnica. Surgen iniciativas como el Programa Nacional de Educación Bilingüe Intercultural, del Ministerio de Educación, que desde hace 25 años es una dirección enfocada en impulsar primarias y secundarias que priorizan el idioma materno de la región.

Actualmente, el currículo nacional base promueve el aprendizaje de al menos un idioma maya en las escuelas donde el idioma utilizado es el castellano, un ejercicio de conocimiento y comunicación que a largo plazo contribuirá a eliminar estereotipos, temores y barreras en las nuevas generaciones. En favor de ese ideal, Prensa Libre publica actualmente una serie semanal con elementos de aprendizaje de idiomas mayas, en cooperación con la editorial Maya Wuj, como un sencillo pero sistemático aporte educativo.

Por décadas, numerosos pedagogos, lingüistas, antropólogos, sociólogos y docentes guatemaltecos se han involucrado en la tarea de posibilitar la conexión intercultural, con el objetivo de lograr una patria más unida. Entre ellos, figura el lingüista Narciso Cojtí, fallecido el viernes último y cuya huella se encuentra en textos académicos y libros escolares de texto que perpetúan el trabajo de toda una vida en favor de una patria armoniosa. La significativa riqueza de los idiomas de Guatemala constituye una ruta de reconocimiento que engrandece al país y —como un parangón a la frase clásica de Heidegger— hace realidad lo que alguna vez expresó el poeta Julio Fausto Aguilera al escribir: “La patria es una casa”.