Editorial

Los anuncios anodinos y el afán por figurar

La obsesión clientelar de la gran mayoría de políticos guatemaltecos ha construido un verdadero laberinto de conveniencias y afanes que se tornan en obsesiones maliciosas, las cuales se ven alimentadas, sobre todo, por la falta de conceptos más avanzados y profundos de su oficio, la escasez de referencias más evolucionadas de gestión o de voluntad para seguirlas, pero sobre todo de una autoestima dependiente de los elogios que a su vez genera una aversión a las críticas, sin entrar a analizar si estas pueden ser de provecho.

A lo largo de tres décadas y media de democracia, las conductas ególatras, adictas al protagonismo y a los efectos electoreros han causado un terrible rezago en el desarrollo nacional, en todos los sentidos. Se anula la visión de largo plazo o únicamente se le invoca como recurso lírico, mas no como una convicción de compromiso con la historia. A esto se debe, por ejemplo, la costumbre de convocar a la “inauguración” de trabajos en proyectos que a menudo quedan varados, ya sea por falta de fondos, cambio de administración o problemas de opacidad, lo cual poco les importa porque al fin de cuentas solo se busca la propaganda.

De esa cuenta se tiene, en las postrimerías del actual Congreso, considerado ya uno de los más improductivos de la historia, una retahíla de anuncios de iniciativas de ley, algunas útiles quizá, pero la mayoría totalmente anodinas, que ni siquiera serán conocidas en esta legislatura porque sus ponentes no fueron reelectos. Solo les importa un último minuto de fama, al menos para con los públicos a quienes van dirigidos tales lanzamientos de ideas, entre las cuales abundan las declaraciones de supuestos días nacionales, como si no hicieran falta urgentes ordenamientos en materia de agua, infraestructura, transparencia, transformación electoral y competitividad.

También en el Ejecutivo y a nivel de alcaldías se ha continuado por décadas con la práctica de promocionar el arranque de obras como si ya estuvieran terminadas. Es conveniente dar la difusión a trabajos de infraestructura de beneficio social, pero toda vez se encuentren superadas las fases de desarrollo y supervisión. El libramiento de Chimaltenango es un ejemplo de esas divulgaciones triunfantes que luego quedan en entredicho a causa de obvios defectos. El censo de población se anticipó a lanzar resultados, en una ceremonia en el Teatro Nacional, pero luego se admitió que los datos aún no eran los definitivos. Lo mismo sucedió con el censo de empleados públicos, que quedó rezagado dos años y fue entregado, a marchas forzadas, hace una semana, con datos preliminares que despiertan nuevas dudas.

El nuevo gobierno ha hecho ya también sus primeros anuncios: desde contar con el apoyo de 80 diputados para aprobar un presupuesto que al final se quedó varado hasta amagar con el rechazo a las reformas al Código Penal referentes a la aceptación de cargos, para luego dar una ambigua postura. El Congreso aún no ha enviado el decreto al Ejecutivo, debido a que continúa en revisión, tres semanas después, en la Comisión de Estilo. Más de 40 abogados guatemaltecos solicitaron al presidente Jimmy Morales que vete esa ley, por considerarla dañina para el sistema jurídico y el Estado de Derecho. Curiosamente, no hay mayor difusión oficial del asunto, como si se esperara que avance más la euforia decembrina para que pueda cobrar vigencia el adefesio legal en medio de la parafernalia: un secretismo que tan solo confirma la intencionalidad distractora de otros avisos intrascendentes.