Hacer un nacimiento y colocarlo en casa es una antigua tradición; también armamos árboles y los adornamos con bombas, luces y moñas; esparcimos regalos por debajo y hallamos figuras de Santa Claus en puertas, salas, calles y avenidas. Pero las navidades son en muchos hogares difíciles. El alto consumo de alcohol, las compras alocadas, los efectos de la violencia, el tránsito o la alta migración imposibilita a muchas familias compartir un momento de paz. Para tantos otros la publicidad y el consumismo nos hacen olvidar el concepto de la fecha (el bombardeo de publicidad empezó desde agosto).

La Navidad, para los que creemos en ella y en su significado, es más que un cuadro rojo en el almanaque. Marca una época en donde podemos sentarnos a valorar el momento, sentir el cobijo con quienes amamos y dar Gracias a la Providencia por habernos regalado un momento más de vida con la gente amada, y por supuesto, recordar a quienes se nos adelantaron con alegría y con la certeza de que en su paso por este mundo nos dieron, por manojo, amor, sonrisas y bellos instantes. Vivir la amistad es, sin lugar a dudas, uno de los mejores regalos que estar vivo nos depara.

Para perder el concepto de Navidad, basta visitar un estacionamiento de cualquier centro comercial donde los amagos de los carros por ganar el espacio son evidentes, o podemos también extraviarnos con ojos de observador en las cajas de los grandes almacenes cuando los codazos de señoras y señores por ganar el turno son cada vez más fuertes.

La Navidad tiene un significado, y ese significado debe decirnos que todos debemos compartir un mismo espacio, respetarnos como seres individuales y únicos, y conocer el mensaje que el Salvador nos vino a dejar: crear una nueva civilización del amor.

En nombre de Dios se mata y esto es intolerable. La construcción de paz en un mundo cada vez más insensible es un camino cuesta arriba y por eso es que ahora, lo que representa el nacimiento de Jesús debe ser rescatado. La Navidad no es gastar, ni atolondrarse, es todo lo contrario. Muchas sillas vacías estarán puestas en varias mesas para la cena de Nochebuena, esas sillas vacías representan al ausente, esa ausencia física es dura, pero la ausencia del recuerdo es peor, porque aunque la nostalgia nos inunde la sonrisa de cualquier niño nos debe sentir más vivos, hacernos más humanos y por eso son los niños quienes marcan los diciembres.

Esta época nos debe llenar de esperanza, pero sobre todo debe darnos mucha fuerza y valor para enfrentar lo que se viene. Una cosa es clara, nuestros hijos merecen un mejor futuro y ese futuro solo puede ser construido con voluntad. Cada quien es libre de escoger, pero si el amor de la Navidad y de lo que representa no nace en cada corazón, pueden haber regalos, ponche, cohetes y sonrisas, pero la paz se alejará.

El nacimiento que debemos proteger no solo es aquel que armamos con manzanilla, pino y aserrín, sino el que nos marca el pecho y nos hace dar ese abrazo sincero y esa mirada al Altísimo en eterna gratitud.

¡Feliz Nochebuena y Feliz Navidad!

ESCRITO POR:

Alejandro Balsells Conde

Abogado y notario, egresado de la Universidad Rafael Landívar y catedrático de Derecho Constitucional en dicha casa de estudios. Ha sido consultor de entidades nacionales e internacionales, y ejerce el derecho.