Urbanismo y sociedad

Falta planificación y desarrollo urbano regional

Alfonso Yurrita Cuesta alfonsoyurritacuesta@gmail.com

Los países que han alcanzado estatus de ingreso medio tienen al menos 50% de urbanización correcta. Lo que implica la coordinación de la misma, en donde las decisiones son correctas, limitando la ciudad a una movilidad más sostenible, segura y humana. En tanto, Guatemala,  un país poco urbanizado, de acuerdo con el Banco Mundial (BM), donde 51 de cada cien habitantes viven en centros urbanos, con una política del sector económico de crear plusvalías de la tierra, bienes inmuebles o cualquier mejora realizada. Así, podemos definir la plusvalía como el beneficio obtenido como resultado de una diferencia positiva entre el precio de compra de un bien y el precio de su venta, en una operación o transacción económica, con lo que el desarrollo urbano está limitado al poder económico de las personas. Guatemala debió ser reorganizada por arquitectos y urbanistas que tienen que pensar y hacer de la ciudad un territorio viable, derivado de los 23 grupos lingüísticos y sociales, bajo ocho parámetros regionales definiendo sus centros urbanos.

La Municipalidad de Guatemala empezó a utilizar la plusvalía desde el 2003, que sería el centro político e ideológico de este manejo anárquico y económico urbano. Como resultado, el Arq. Magaña expresó: “En todo este juego inmobiliario, el urbanismo y la arquitectura no parecen tener cabida, pues ni falta hacen”. El urbanismo se convertiría en una fuerza económica, como una fuente para negociar la tierra y las infraestructuras urbanas. La ciudad crece verticalmente y la población crece, y la infraestructura vial se congestiona y esto perjudica la economía de la ciudad, aumentando la contaminación ambiental y perjudicando a los pobres, al hacer más lento y complicado el transporte público y el acceso residencial. Se debe empezar por cuantificar el porcentaje de vías existentes por unidad de área urbana, con lo que se mide la construcción de vías de comunicación.

Pero uno de los problemas urbanos más graves son los sociales, y el más complejo de resolver es la pobreza, quienes viven en viviendas indignas como champas o similares, con economías emergentes. El déficit de vivienda es de 1.6 millones. Se calcula que cada año hay una demanda de 50 mil nuevas casas. La pobreza urbana es producto de la corrupción y la violencia que se manifiesta en los asentamientos, en donde la plusvalía de la tierra los ha empujado a la peor tierra urbana como los barrancos. La solución ha sido la emigración a los Estados Unidos.

Los primeros emigrantes fueron estudiantes, comerciantes, empresarios y deportistas. Con cambio ocupacional sigue la emigración, ahora en las ocupaciones no calificadas como peones en minería, cargadores, trabajadores en oficios domésticos, porteros, guardianes, lavanderos, vendedores ambulantes y ayudantes de albañil. La falta de oportunidades de empleo, la desigualdad y la violencia empujan a muchos a salir. Hasta ahora, más de un millón 637 mil guatemaltecos viven fuera del país, con lo que la recepción de remesas constituye la única forma para que sobrevivan las familias y no colapsen. La falta de oportunidades de empleo, la desigualdad y la violencia, ha empujado a muchos a salir.

Ahora Mr. Trump dispuso cerrar toda asistencia económica a Guatemala, El Salvador y Honduras por permitir la emigración. En el 2018 ya fueron deportados 25 mil 366 guatemaltecos, un promedio mensual de cuatro mil 227 personas; en el mismo periodo de 2017 fueron 14 mil 103, para un promedio de dos mil 350 (PL). Por lo que se avecina una crisis social, en especial en el área metropolitana.

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