Opinión

Catalejo

Final de un año francamente increíble

Mario Antonio Sandoval

Dentro de pocas horas terminará un año cuyos sucesos internacionales y nacionales entran a la oscura caja de la incredibilidad. No todos se pueden comentar en un espacio tan pequeño como una columna periodística, pero algunos de ellos despiertan sensaciones compuestas por la mezcla de dolor, de rechazo, de incredulidad, de rabia, de ira, entre otras reacciones humanas. Uno de esos tuvo relación directa con una realidad existente, pero hasta ahora comprendida en su verdadera magnitud: el éxodo de los centroamericanos en búsqueda de un sueño americano hasta hace poco difícil, pero ahora inexistente. Tuvo dos manifestaciones: la decisión de tomar el duro camino, esa vez con la diferencia de hacerlo en caravana, a la luz del día. Ya no fue una operación hormiga.

Fue impresionante ver las carreteras y puentes llenos de hombres, mujeres y niños rumbo al norte, así como la ayuda espontánea recibida a su paso. Fue sorprendente escuchar las órdenes presidenciales estadounidenses para rechazar a ese grupo humano, calificado como amenaza para la seguridad nacional curiosamente pocas semanas antes de las elecciones de medio tiempo, en las cuales el oficialismo perdió el control del Congreso y aun así fue calificado de triunfo por la tweetocracia del Ejecutivo. El silencio del Ejecutivo y la Cancillería guatemaltecas fue terrible, pero llegó al colmo cuando permaneció igual cuando dos niños separados de sus padres y en custodia de las autoridades de Estados Unidos resultaron muertos en circunstancias no aclaradas.

Por aparte, el paroxismo antiCicig del gobierno, en especial del presidente, llegó a extremos increíbles: desobedecerá las órdenes de instituciones legales porque no le parecen, en un claro paso de dictadura al mejor estilo de Ortega y de Maduro. Esta actitud ha causado rechazo aun entre muchos de quienes consideran a esa institución internacional como una vergüenza necesaria. Es notoria la similitud con regímenes dictatoriales cuyas primeras acciones se dirigen a cooptar las instituciones legales e incluso desobedecerlas cuando sus dictámenes no son del agrado del oficialismo. El rumbo de la nave estatal está claramente dirigido a un norte cercano a un caos, del cual casi imposible salir porque para colmo de males se considera producto de la voluntad divina.

Es conveniente editar sobre cómo será registrado este 2018 por la historia nacional e internacional. Guatemala se encuentra cercana a un país cuya realidad política en este momento provoca desconfianza o dudas en muchos, y por otro donde la inclinación política de su gobierno no deja de despertar actitudes similares, luego de varios años de ejercicio. Por aparte, las elecciones guatemaltecas dentro de pocos meses despiertan iguales dudas a causa de la multiplicidad de grupúsculos partidarios y de personas autonombradas defensores de la patria, muchos con la similitud de su incapacidad e inexperiencia por manejar el país, con lo cual solo pueden caer en manos de quienes son los responsables del descalabro total engendrado desde hace varias décadas.

A causa de estas causas, 2018 puede considerarse un mal año, con el resultado de retroceder aun más y de eliminar muchos, si no todos, los avances logrados a pesar de todo y de todos. Pese a todo, los guatemaltecos debemos luchar porque tanto problema comience a ser solucionado, lo cual implica la acción de todos. Ya no se puede ser pusilánime y ver las cosas con desinterés. El panorama está lleno de nubarrones, pero la participación mayoritaria viene a ser la única esperanza, Para desear feliz Año Nuevo, es necesario saber si existe ese cambio total de actitud. No se pueden lograr resultados diferentes haciendo lo mismo. A quienes están dispuestos a actuar de manera distinta, con gusto les deseo feliz año. A los demás, prefiero no hacerlo.