ESCENARIO DE VIDA

Francia en mi mente

Esta columna va dedicada a Francia, en su Día Nacional, y a todos los franceses que viven en Guatemala. Cabe mencionar que el 14 de julio para los franceses no es simplemente una fecha para conmemorar la caída de la Monarquía, sino para celebrar la reconciliación y la unidad de todos los franceses. Va también dedicada a un país que tuvo las agallas de celebrar la Cumbre Mundial de Cambio Climático a finales del 2015, a pesar de los actos terroristas de los que había sido objeto semanas antes. Mi columna va también para quienes creemos en la democracia, para que hagamos una reflexión sobre los momentos de coyuntura con la memorable fecha del martes 14 de julio de 1789, que desembocó en la Toma de la Bastilla.

Empecemos por recordar las protestas en la Plaza de la Constitución de Guatemala en el 2015, que ayudaron a derrocar al anterior presidente Otto Pérez Molina y la anterior vicepresidenta Roxana Baldetti. Fue prácticamente como llevarlos a la Guillotina por haber sumergido al pueblo en una gran miseria gracias a su desmedida ambición. Fue algo impresionante ver a todas las clases socioeconómicas —hombro con hombro— en un esfuerzo de unidad del pueblo. Lo que derrocamos fue una especie de “Monarquía” que ostentaban Pérez Molina, Baldetti y su séquito, saqueando al país y dejando a un pueblo desposeído de sus elementales necesidades.

Fue la Revolución Francesa, con el gran acontecimiento de la toma de la Bastilla, la que derrocó al rey Luis XVI, que tenía a los franceses sumidos en el abismo de las desigualdades sociales y económicas de esos tiempos. Lo interesante es notar que a pesar de que la fortaleza medieval llamada “La Bastilla” solo custodiaba a siete prisioneros, fue allí donde sucedió la caída del Antiguo Régimen y el punto inicial de la Revolución francesa. El resto es historia y a partir de 1880, el 14 de julio ha sido declarado como el Día Nacional de Francia.

La Revolución Francesa transformó no solo a Francia, sino al mundo entero. Aunque nosotros en 1944 sí tuvimos una revolución que ayudó a crear nuevas estructuras, y nueva Constitución, no impactamos a gran escala como lo hizo Francia. Y aunque en el 2015 quisimos erradicar completamente la corrupción, no lo hemos logrado por no contar con una verdadera transformación estructural. No es que debamos tener una Revolución como la que tuvo Francia, pero sí debiéramos regular una legislación para detener los famosos “amparos” que le dan impunidad al corrupto.

Aún se mantienen las fuerzas oscuras que nos manejan como títeres sumergidos en un impase: todo a merced del crimen organizado. Lo vemos claramente en los obstáculos que se interponen en la nueva elección del procurador de los Derechos Humanos, que es un proceso detenido por quién sabe quién, y con razones dudosas.

Recordemos que durante las protestas del 2015 la capa media de la población finalmente se empoderó y fue la que hizo el cambio por medio de las redes sociales. Entonces, en vez de usar Facebook para cosas efímeras como “Hoy me duele la cabeza” o “Le acabo de dar de comer a mi gato”, usémoslo bien para anunciar anomalías o vigilar que no se sigan cometiendo abusos y así asegurarnos de que los procesos importantes no sean detenidos por las fuerzas oscuras del mal que intentan controlarnos para sus propios fines —dígase algunas gentes en el Congreso u otro medio— que impiden el progreso de esta bella nación.

Gracias, Francia, por darnos un ejemplo de que cuando un pueblo se une pueden salir cosas maravillosas. Jamás debemos permitir ser títeres de nadie.

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