CON OTRA MIRADA

La mala educación

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Para quienes llevamos más de medio siglo a cuestas es fácil reconocer elementos del entorno con los que nos podemos identificar, sean estos naturales, como accidentes geográficos, formaciones geológicas, valles, lagos o ríos; culturales, sean estos arquitectónicos, escultóricos, pictóricos o musicales, o los denominados intangibles, como las tradiciones, costumbres o uso del idioma, independientemente del período al que pertenezcan.

Con la modernidad, estos valores adquirieron connotación de patrimonio natural y cultural respectivamente y junto a esa, el salvoconducto para ser protegidos como algo importante para la identidad cultural de una nación. De esa manera cada grupo social se identifica como tal y se distingue de los demás, tanto en lo individual como en lo colectivo. Para un parisino, el paseo por el Sena y Notre Dame son parte de su referencia identitaria, lo mismo que el Coliseo, la Plaza España y el Trastevere lo son para un romano. Para un peruano, Machu Picchu, las líneas de Nazca y Cuzco, entre otros.

Por su valor intrínseco y aquel que la sociedad les da, esos elementos pasan a formar parte del patrimonio cultural de la Nación y son protegidos por la ley a fin de garantizar su permanencia y junto a esta, la posibilidad de mantener su contenido.

Con la revolución de octubre de 1944, dado su alto contenido cultural, filosófico y pedagógico se crearon instituciones con el fin de proteger el legado histórico, incrementándose la legislación correspondiente. En época más reciente, se legisló la protección del patrimonio natural.

Sin embargo, las nuevas generaciones dejaron de tener ese vínculo con la naturaleza y el reconocimiento a la obra creada por sus antecesores. Eso puede deberse a que esos temas no existen en los programas educativos o son minimizados, pese a que la Constitución Política de la República de 1985 abunda en legislar el ámbito de la cultura y a que la vida democrática se inauguró con la creación del Ministerio de Cultura y Deportes y el fortalecimiento de otras instituciones culturales. La pobreza cultural resultante se ve reflejada en el desempeño de quienes hasta ahora han tenido en sus manos la conducción de nuestro país, con las pocas excepciones que la propia regla dicta.

Quienes llegan a cargos de poder público por elección, antes fueron candidatos y ayer, igual que ahora, actúan como si el país les fuera ajeno, no les importara y lo mismo les da convertirlo en un chiquero en su intento. Les vemos burlarse de la ley al hacer campaña política antes de que esta sea autorizada. La propaganda a destiempo tiene una connotación legal, pero la manera primitiva, indignante, abusiva y asquerosa de hacerla es otra cosa. Quienes la tienen a su cargo en la casi totalidad de partidos políticos hacen alarde de la mala educación que otrora se señalaba como una gran falta y motivo de vergüenza: “quien escribe en pared y mesa demuestra su bajeza”.

Este último término colocaba a quien era sujeto de semejante señalamiento en algo así como un paria social, indigno de formar parte del conglomerado. Hoy, aquel viejo precepto dejó de tener sentido.

jmmaganajuarez@gmail.com

ESCRITO POR:

José María Magaña

Arquitecto -USAC- / Conservador de Arquitectura -ICCROM-. Residente restauración Catedral Metropolitana y segundo Conservador de La Antigua Guatemala. Cofundador de la figura legal del Centro Histórico de Guatemala.