AL MARGEN DEL DISCURSOAleluya, hosanna y amén
Aunque el escenario de signado para el evento parecía pequeño, la grandeza de un acto que se espera sea sincero y productivo hizo diferente el ambiente. La anunciada instalación del Foro Permanente de Partidos Políticos se convirtió en un hecho, bajo la carpa de un hotel en la tranquila noche del jueves próximo pasado, con una demostración de convocatoria inesperada.
A contrapelo del sentido común, ese que inclina a desconfiar de las maniobras partidarias, bien puede decirse que ese suceso, por sí solo, merece el beneficio de la duda. Dignificación, unidad de esfuerzos y responsabilidad en el compromiso institucional son algunas acciones con incalculable potencial en las alforjas de este proyecto. Vale la pena, sí tan sólo se puede comenzar a dar un nuevo cariz a la actividad política, para revalorizar el papel de los partidos.
Los obstáculos por vencer sin duda serán muchos y variados, pero el punto de partida, si se quiere tener éxito, consiste en aceptar que a lo largo y ancho de América Latina, las palabras negociación, acuerdo, concertación o consenso, forman parte de una terminología considerada casi obscena por las masas. La razón estriba en el uso y abuso que de ellas se ha hecho como parte de la podredumbre politiquera. Por ello es que la negociación siempre suena a contubernio.
Ese es el esquema que debe cambiar. Porque han sido los mismos políticos los que con sus acciones, han conspirado en contra del sistema de partidos, generando ese sentimiento de antipatía que ha debilitado la incipiente institucionalidad democrática. A nadie escapa que ese desgaste es el que ha dado paso a que se descalifique a la política como actividad pública e institucionalizada, consustancial a la democracia, la libertad y el ejercicio de los derechos fundamentales.
Creo entonces, con toda honestidad, que un ejercicio de esa magnitud puede producir frutos invaluables para la Nación, si se lleva a la práctica con responsabilidad. Este puede ser el momento de doblar la página de las agendas de gobierno para dar el salto de calidad hacia las agendas de Estado.
Guatemala necesita definir sus rumbos y dar certeza en materia política, económica y social de acuerdo con las exigencias de los nuevos tiempos, pero también de las realidades propias, de su entorno inmediato y de las condiciones internacionales.
En eso radica el valor de ese Foro de discusión, acordado por iniciativa de los propios partidos políticos del país y respaldado por la Organización de Estados Americanos a través de su Programa de Valores Democráticos y Gerencia Política. Así es como debe verse el potencial de un debate que se espera que supere la búsqueda de plataformas de lanzamiento electoral, para discutir líneas comunes de acción que puedan dar vida a una agenda nacional.
Imagínese qué orientación podría recibir el país, si se llegara a definir un plan general de acción. Diseño de políticas e implementación de estrategias de corto, mediano y largo plazo. ¿Qué estabilidad podría generarse, si se asegura que no importa quién gobierne el rumbo se mantendrá invariable? No es que se pretenda homogenizar a los partidos, sino proyectar un perfil renovado.
Cierto es, que por el papel que juegan en las instituciones, por el poder que detentan o por su incidencia en las esferas más variadas de la vida pública, los partidos políticos se han convertido en motivo de máximo interés para la sociedad. Por eso es necesario valorar los propósitos expresados por los partidos; pero de igual forma conviene advertir que eso no basta para fortalecer la democracia. Se necesita, sobre todo, asegurar que los resultados sean congruentes con las expectativas. Y eso, sólo se logra con madurez, seriedad y compromiso.
Aleluya, hosanna y amén. Ojalá sea verdad tanta belleza.